《22》

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Horas después, el sol del Caribe ya está alto, calentando la arena blanca y haciendo que el mar parezca una lámina de vidrio turquesa que se extiende hasta el horizonte. Desde la terraza del bungalow, Richard baja primero hacia la playa privada, todavía con el cabello húmedo de la ducha y una camisa de lino abierta sobre el pecho. En la arena hay dos camastros preparados bajo una sombrilla grande, una mesa baja con una bandeja de frutas frescas y dos cócteles que ya esperan con hielo tintineando dentro de los vasos.

Richard se sienta en uno de los camastros y estira las piernas hacia la arena caliente. Desde ahí levanta la mirada hacia el sendero que baja desde el bungalow.

Y entonces la ve.

Inevitablemente se queda atontado.

Maite aparece caminando despacio por el sendero de madera, con la elegancia y el porte que solo ella podía mostrar.

Lleva el bikini que él le pidió que trajera.

No es exagerado, no es llamativo, era de color blanco perla con detalles dorados, simple, elegante... pero en ella se ve imposible de ignorar. El sol iluminaba su piel canela que parecía ser mucho más tersa, el viento le movía el cabello castaño claro todavía húmedo por la ducha que había tomado y la tela ligera que llevaba sobre los hombros a manera de salida de baño cae cuando llega a la arena.

Richard deja de respirar un segundo.

No es que no la recordara hermosa, desde la primera vez que la vio siempre se sintió así, la recordaba como la niña más guapa de todo Bello.Es que ahora la ve diferente.

No es la niña que conoció corriendo con tenis gastados por las calles del barrio que se la pasaba peleando con los muchachos mayores porque según ellos "el fútbol no es para mujeres"y siempre terminaba con las rodillas peladas de tanto caerse en esa cancha de concreto. No es la adolescente que lloraba cuando la incertidumbre del futuro se volvía demasiado grande para los dos,ya que la distancia y los sueños los separaban de poder seguir cultivando su amor.

Esa de ahí, era una mujer, era la mujer de sus sueños.

Segura.

Firme.

Con cicatrices invisibles que no la rompieron... la construyeron.

Maite se acerca con uno de los cócteles en la mano y lo observa quedarse completamente quieto.Levanta una ceja, se le hacía extraño que se estuviera comportando así ya que suponía que se la pasaba matando el tiempo con modelos junior en Brasil.

—¿Qué miras tanto?

Richard tarda medio segundo en reaccionar.

Traga saliva y se recuesta hacia atrás en el camastro, disimulando que en realidad no podía dejar de detallar su cuerpo, su porte y sus gestos físicos. Parecía que estaba desarrollando una fuerte obsesión por ella.

—Estoy actualizando recuerdos.

Ella suelta una risa suave, negando con la cabeza mientras le entrega uno de los vasos.

—Idiota.

—Es investigación periodística —dice él.

Maite se sienta en el camastro de al lado y estira las piernas hacia el sol, después comienza a buscar su bloqueador y bronceador.

—No sabía que los futbolistas hacían investigación.

—Solo cuando la periodista es peligrosa.

Ella lo mira de reojo.

—¿Peligrosa yo?

Richard toma un sorbo del cóctel.

—Mucho.

𝙳𝚎𝚕 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚒𝚘 𝚊𝚕 𝙲𝚒𝚎𝚕𝚘 || 𝚁𝚒𝚌𝚑𝚊𝚛𝚍 𝚁í𝚘𝚜Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora