《29》

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Mientras Maite permanecía paralizada frente al parpadeo incesante del cursor, al otro lado de São Paulo, Richard vivía una jornada de entrenamiento que sus compañeros recordarán por meses. Había una ligereza inusual en sus pasos; una energía vibrante que transformaba cada ejercicio en una exhibición de maestría. Presionaba con la ferocidad de un león, filtraba pases imposibles entre las líneas de los defensores y se movía con la seguridad de quien, por fin, tiene el alma en su sitio.

Quienes lo veían a diario no necesitaban explicaciones: Richard había recuperado esa pieza del rompecabezas que creyó perdida para siempre. El fútbol le daba gloria y dinero, pero solo Maite le devolvía esa paz que ningún trofeo podía replicar.

Al finalizar la práctica táctica, Abel Ferreira se acercó con esa seriedad críptica que lo caracterizaba. Observó a Richard beber agua durante unos segundos antes de cruzar los brazos con una media sonrisa.

—Ríos —llamó el portugués.

—Profe —Richard se puso firme.

—Me gusta lo que veo. Estás jugando feliz otra vez.

Richard bajó la mirada, incapaz de ocultar la mueca de satisfacción. No era sólo técnica; era una cuestión de equilibrio mental.

—Tal vez un poco —concedió.

—Un poco no. Mucho —Abel le dio una palmada firme en el hombro—. Solo procura que esa felicidad siga siendo una ventaja y no una distracción.

Esas palabras le golpearon con la fuerza de una advertencia. Recordó las historias de tantos colegas que perdieron el piso por amores que se volvieron tormentas. Pero cuando pensó en ella, no sintió el vértigo de una distracción, sino la firmeza de un refugio.

Sin embargo, al entrar al vestuario, la realidad volvió a tocar a su puerta. Entre las bromas de Piquerez y las preguntas indiscretas de los más jóvenes sobre si "la periodista ya había vuelto".

—¡Llegó el enamorado! — gritó Joaquín Piquerez desde el otro lado del vestuario.

Las carcajadas estallaron inmediatamente.

—¿Ya volvió la colombiana? — preguntó Rony.

—¿Es verdad que es periodista? — añadió Gabriel Menino.

—¿Tiene hermanas? —¿Amigas? — preguntó Endrick.

Richard soltó una carcajada. —Ustedes son imposibles.

—Responde la pregunta.

—No.

—¿No qué?

—No voy a presentarles a nadie.

—Qué egoísta. —Terrible compañero. — mencionaron todos en el camerino.

La conversación continuó entre bromas mientras todos comenzaban a cambiarse. El ambiente era relajado, las risas llenaban el vestuario. Algunos revisaban sus teléfonos, otros comentaban las jugadas del entrenamiento y Richard disfrutaba de aquella normalidad. porque después de tantos meses complicados. Volver a sentirse feliz incluso en momentos simples era algo que valoraba. Hasta que Raphael Veiga tomó asiento junto a él y su expresión cambió ligeramente.

—Oye —murmuró Veiga, apartándose del bullicio—. ¿Ya le contaste?

Richard sintió que el buen humor se desvanecía.

—Todavía no.

—Deberías —insistió su compañero—. Antes de que alguien más lo haga. Los rumores de Camila están volviendo a circular.

𝙳𝚎𝚕 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚒𝚘 𝚊𝚕 𝙲𝚒𝚎𝚕𝚘 || 𝚁𝚒𝚌𝚑𝚊𝚛𝚍 𝚁í𝚘𝚜Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora