《49》

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¡ADVERTENCIA!

¡Este capítulo contiene escenas NSFW, +18, SPICY, HORNY o CUALQUIER OTRA CATEGORÍA QUE SE sepa!

(Es DE MIS PRIMERAS VECES ESCRIBIENDO CONTENIDO DE ESTE ESTILO así que tenganme paciencia y cariño)

Quedan advertidos: si no les gusta ese tipo de contenido, en la mitad del capítulo hay una línea de puntos suspensivos que indica la parte que va a ser de este estilo; si no quieren leer, pueden saltársela hasta que vean la otra línea de puntos que los conectará con la siguiente parte de la historia.  

Sin más que decir disfruten :)

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Maite siguió el hilo rojo con diligencia por el pasillo de la terraza, sintiendo que cada centímetro de seda bajo sus pies la acercaba a algo definitivo. Al llegar al área abierta, la vio: una mesa pequeña, perfectamente iluminada por velas que danzaban al ritmo de la brisa nocturna.

Richard estaba de pie frente a ella. Ya no era el futbolista sudoroso del campo; ahora vestía un conjunto negro casual pero impecable, con la camisa entreabierta y los puños arremangados, dejando ver ese porte que siempre lograba acelerarle el pulso. Maite pasó saliva con dificultad, sintiéndose pequeña y, a la vez, la mujer más importante del mundo. Él le dedicó una sonrisa que le derritió cualquier duda, y extendió la mano con la galantería de un príncipe de cuento.

—Estás... —Richard se detuvo, observándola de arriba abajo con una mezcla de adoración y asombro—, Maite, no tengo palabras. Me robaste el aliento.

—Tú no te quedas atrás, Ríos —respondió ella, aceptando su mano—. Pero dime, ¿qué es todo este despliegue? ¿A qué se debe?

Richard la guio hacia la silla con delicadeza, sin dejar de mirarla a los ojos.

—Es algo que nos merecemos —respondió él, sentándose frente a ella—. Hemos cumplido mucho en muy pocos meses. Entre la presión mediática, el torneo y lo que sentimos el uno por el otro... creo que nos debíamos un respiro donde no hubiera nadie más. Solo nosotros dos.

La cena estaba dispuesta con una delicadeza inusual. Mientras degustaban los platos, la ciudad, con sus luces parpadeantes a los pies de la terraza, parecía un telón de fondo creado solo para ellos.

—¿Cómo te sientes después de todo lo que pasó hoy? —preguntó Maite, apoyando la barbilla en su mano—. Aún me tiemblan las piernas de recordar el último minuto.

—Es una locura, ¿verdad? —Richard dejó su tenedor a un lado, inclinándose hacia ella—. Pero lo que más me preocupaba no era el resultado del partido, sino tú. ¿Qué te dijo tu jefe? ¿Cómo está todo con el canal?

Maite sonrió, sintiendo un alivio genuino.

—Tengo buenas noticias. Conservo el empleo, Richard. Les encantó el artículo y la cobertura. Al parecer, la audiencia agradeció la honestidad... y bueno, parece que el hecho de que seamos pareja les dio un toque humano que conectó con todo el mundo.

Richard exhaló un suspiro largo, y una sonrisa de auténtico alivio se dibujó en sus labios.

—No tienes idea de cuánto necesitaba escuchar eso. Me quitaste un peso de encima que ni te imaginas. Siempre tuve miedo de que mi exposición te terminara afectando a ti.

—Pues ya ves que no —dijo ella, alzando su copa—. Brindemos por eso. Por nuestros sueños, por esta locura de Copa América y, sobre todo, por lo que tenemos nosotros.

𝙳𝚎𝚕 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚒𝚘 𝚊𝚕 𝙲𝚒𝚎𝚕𝚘 || 𝚁𝚒𝚌𝚑𝚊𝚛𝚍 𝚁í𝚘𝚜Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora