Cuando finalmente abandonaron las instalaciones del Palmeiras, Maite todavía llevaba la carta de recomendación firmemente sujetada entre las manos. Seguía sin creerse que todo aquello estuviera ocurriendo. Brasil, el Brasileirão, una recomendación oficial, una posible oportunidad internacional. Y, sobre todo, Richard. Su presencia a su lado, al volante, le recordaba que estaba viviendo en un presente que, apenas meses atrás, habría catalogado como imposible.
—¿Entonces? —preguntó Richard mientras encendía el motor y la miraba de reojo, con esa media sonrisa que siempre le desarmaba la guardia—. ¿Qué opina la señorita periodista de su primera visita oficial al Palmeiras? Necesito una evaluación profesional.
Maite fingió reflexionar unos segundos, trazando líneas invisibles sobre el papel de la carta. —Creo que necesito entrevistar a más jugadores antes de dar un veredicto.
—¿Para? —preguntó él, divertido.
—Para verificar si todos son igual de presumidos que tú.
—Qué falta de respeto —respondió él, arrancando la marcha—. Pero se acepta el escepticismo profesional.
Richard soltó una carcajada mientras la camioneta se incorporaba al denso tráfico de São Paulo. El silencio que siguió no fue incómodo; fue uno de esos silencios elocuentes que solo existen entre dos personas que se conocen de memoria y que ya no necesitan forzar las palabras.
—Por cierto —dijo él, rompiendo la calma de repente—, tenemos dos horas antes de tu reunión con la señora Da Silva. Voy a llevarte a cenar al Fasano.
Maite giró la cabeza, sorprendida. —¿El Fasano? ¿El restaurante elegante donde van los multimillonarios y las celebridades?
—Ese mismo.
Ella entrecerró los ojos con sospecha. —¿Te estás volviendo gomelo, Richard Ríos?
—No. Estoy intentando impresionarte —admitió él, sin quitar la vista de la carretera—. Y, por la forma en que me miras, sé que funciona más de lo que te atreves a admitir.
Aunque Maite intentó mantener la compostura, su corazón le daba la razón. La periodista sonrió mientras miraba por la ventana, reconociendo que, muy a su pesar, estaba impresionada. Muchísimo.
—Bueno, acepto la cena —dijo ella, intentando sonar pragmática—. Pero primero necesito cambiarme. No pienso aparecer en un lugar así vestida como si acabara de salir de una entrevista deportiva.
Richard asintió con una calma que debió haberla puesto en alerta. —Perfecto. Dame la dirección de tu hotel.
Maite buscó la reserva en el móvil y le mostró la pantalla. Él apenas le echó un vistazo, soltó un "Perfecto" y siguió conduciendo con una naturalidad sospechosa. Pasaron cinco, diez, quince minutos. Maite observaba las calles, cada vez más lujosas, hasta que el instinto periodístico le gritó que algo no encajaba.
—Richard —llamó ella, con una ceja arqueada—. Te pasaste.
—¿De qué?
—Del hotel.
—Ah.
—¿"Ah"? —repitió ella, incrédula—. ¿No ibas para allá?
—No, exactamente.
La sonrisa pícara que se dibujó en su rostro la puso en guardia.
—Richard Ríos... ¿Qué hiciste?
—Nada —respondió él, divertido.
—Eso es mentira.
—Tal vez una mentira muy pequeña —admitió, soltando una risa suave antes de mirarla con una intensidad que la dejó sin aliento—. Confía en mí.
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𝙳𝚎𝚕 𝙴𝚜𝚝𝚊𝚍𝚒𝚘 𝚊𝚕 𝙲𝚒𝚎𝚕𝚘 || 𝚁𝚒𝚌𝚑𝚊𝚛𝚍 𝚁í𝚘𝚜
FanfictionUna historia en donde la pasión, el amor y las ganas de salir adelante son las formas primordiales para esta pareja que quiere dejar atrás su pasado. Una promesa de infancia, un adiós lleno de orgullo y cinco años de silencio. Maite y Richard fueron...
