La luz del escenario siempre ha sido mi lugar seguro. Bajo esos reflectores, soy quien se espera que sea: la bailarina elegante, la vocalista suave, la miembro serena de TWICE. Pero cuando las luces se apagan y el rugido de los fans se desvanece, la realidad se instala en mi pecho.
Esta noche, mientras miro por la ventana de la furgoneta, las luces de Seúl pasan como estrellas fugaces. Chaeyoung está sentada dos asientos detrás de mí, riendo por algo que dijo Dahyun. Su risa... esa risa que conocí en la intimidad de nuestras habitaciones compartidas, en los rincones oscuros de los salones de práctica, en las madrugadas donde el mundo dormía y solo existíamos nosotras.
Ahora ríe por alguien más.
Su teléfono ilumina su rostro, y sé que está respondiendo un mensaje de él. Lo sé porque su sonrisa cambia, se vuelve más suave, más privada.
Una sonrisa que una vez fue mía.
—¿Mina? —La voz de Jihyo me trae de vuelta—. Estás muy callada hoy.
Sonrío, esa sonrisa ensayada que he perfeccionado durante años.
—Solo cansada. Ha sido una gira larga.
Es cierto. La gira mundial terminó hace unas semanas. Meses de viajes, conciertos, entrevistas, sonrisas. Meses de ver a Chaeyoung cada día, de compartir escenario, de coreografías donde nuestras manos se rozan, donde nuestras miradas se encuentran por fracciones de segundo antes de que ella desvíe la suya.
Meses de morir lentamente.
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Recuerdo la primera vez que supe que era ella.
No fue un momento dramático. No hubo fuegos artificiales ni música épica de fondo. Fue una tarde de práctica, antes del debut. Chaeyoung tenía el cabello recogido en un moño desordenado, gotas de sudor corriendo por su sien. Estábamos ensayando la misma secuencia de pasos una y otra vez, y ella seguía equivocándose en el mismo giro.
—Otra vez —dijo el coreógrafo, frustrado.
Chaeyoung resopló, pasándose el dorso de la mano por la frente. Y entonces me miró, con esos ojos que parecían contener universos enteros, y dijo:
—¿Puedes ayudarme, Mina-unnie?
Esa palabra, unnie, sonó diferente en sus labios. Como si tuviera un peso que ninguna otra miembro le había dado.
La ayudé. Coloqué mis manos sobre sus caderas para corregir su postura, y cuando la giré, nuestros rostros estaban demasiado cerca. Podía oler su perfume mezclado con sudor, podía ver cada una de sus pestañas. Su respiración se detuvo por un segundo, y la mía también.
Esa noche, en nuestro dormitorio compartido, no pudimos dormir. Hablamos hasta las tres de la madrugada, susurrando para no despertar a las demás, sobre nuestros sueños, nuestros miedos, nuestra soledad en medio de una ciudad tan grande. Y cuando sus dedos rozaron los míos bajo las sábanas, supe que el mundo ya no sería igual.
Fue un descubrimiento lento, como el amanecer. Cada día un poco más de luz, un poco más de certeza. Los cafés compartidos a escondidas, los paseos en la azotea cuando todos dormían, los mensajes a medianoche. Pequeñas piezas de un rompecabezas que solo nosotras podíamos armar.
—No quiero asustarte —me dijo una noche, sus dedos entrelazados con los míos—. Pero creo que esto es real.
—¿Qué es "esto"? —pregunté, aunque ya sabía la respuesta.
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One Shots | Michaeng
Fiksi PenggemarPequeñas o largas historias de nuestro ship favorito michaeng! ¡One shots! (Historias de un solo capítulo) - Adaptaciones no permitidas sin mi permiso
