Capítulo XXIX: Lágrimas Poderosas

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     Después de todo lo que ha pasado en un solo día, incluso me parece un tanto ilógico e inapropiado llamar a Chloe para confirmar que nos veremos hoy. Sé que se lo prometí, y sé que la invité a pasar un día con nosotras, pero no me parece que sea correcto desviarnos del tema ahora que hemos dado con la información verdaderamente importante. No importa cuánto lo intente, no puedo olvidar lo que vimos allí... en el cuarto oscuro. El archivero con el nombre de Megan Weaver, las fotos de Chloe cuando era tan sólo una niña, el hecho de que Victoria sea la siguiente... Y que después de ella, Rachel y yo encabezaremos la lista negra de Mark Jefferson y Nathan Prescott. Tiene que existir alguna manera de ligar todo esto con nuestra visión del tornado. No puede tratarse de una simple casualidad. No puede... ¿Y cómo puedo relacionar todo esto con lo que sucedió en mi propia línea temporal? ¿Será que Rachel en realidad está...?

—Te gusta mi habitación, ¿eh?

La puerta se abre de golpe. O quizá sólo yo lo percibo como un sobresalto que me acelera el corazón, pues estar en el Cuarto Oscuro me ha puesto la piel de gallina.

Rachel y Kate están aquí, cargando consigo algunas cervezas y un par de pizzas humeantes. Quiero suponer que esta es la manera en la que Rachel pretende controlar su ira, que no ha desaparecido del todo y que nunca se esfumará después de lo que hemos visto.

—L-lo lamento, yo...

—Descuida. Te lo dije antes, Max. Lo que es mío, es tuyo.

Cada vez me cuesta más detestar a Rachel Amber tanto como solía hacerlo. Y sé que el hecho de que comience a sentir cariño hacia ella no valdrá nada si consigo volver a mi propio tiempo. Nada me asegura que en ese tiempo ella haya sido la misma chica amigable, graciosa y atrevida que es aquí.

— ¿Te encuentras bien, Max? —pregunta Kate inclinándose hacia mí para verificar con sus manos que yo no tenga fiebre.

Asiento distraídamente y me incorporo sobre la cama, sintiéndome un poco aturdida y exhausta.

Ha sido un día difícil...

— ¿En dónde estaban? —Les pregunto—. Ni siquiera me di cuenta de que ustedes habían salido.

—Hemos ido a comprar el almuerzo —responde Kate esbozando una sonrisa de oreja a oreja.

—En realidad, ha sido idea de Kate —dice Rachel encogiéndose de hombros y cerrando la puerta para que nuestra privacidad sea total—. Yo aún quiero ir a meter un par de balas en el culo de esos bastardos.

—Basta, Rachie —suplica Kate—. Esto podría ser más peligroso de lo que imaginas.

—Y un cuerno —se queja ella indignada—. ¡Tenemos las pruebas para hacerlos pagar por lo que te han hecho! ¡Y por lo que le han hecho a Chloe Price!

Una punzada de celos se apodera de mi corazón en cuanto escucho la forma en la que ella externa sus deseos de defender a Chloe.

—Estás olvidando algo importante —dice Kate, quien pareciera ser la voz de la razón en estas circunstancias—. ¡Jefferson y Nathan también te quieren llevar a ese lugar! Rachie, por favor...

—Rachel —llamo yo, en un vano intento de hacerla entrar en razón—. Piénsalo por un momento, te lo suplico. Hay algo más en todo esto que no estamos viendo.

— ¿De qué hablas, Max? —se queja ella.

—El tornado, Rachel. El cuarto oscuro debe relacionarse con el tornado de alguna manera.

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