Capítulo XLIV: ¡Auxilio!

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Chloe...

Mis ojos se abren con lentitud, venciendo a la pesadez de mis parpados que tiene la intención de no permitirme ver lo que hay a mi alrededor. Me siento aturdida. Enferma. Siento que mi cabeza da mil vueltas, así como los nudos en mi estómago me provocan nauseas. Cada una de las partes de mi cuerpo se percibe pesada como el plomo. Lo único que sé con total certeza es que estoy sentada en una silla de madera, con mis tobillos y mis muñecas atados con cinta adhesiva. Las luces me ciegan. Me cuesta ver de frente esos reflectores. Y respirar, bueno... Es extraño sentir ese alivio al saber que sigo con vida, pero ese deseo de dejar de respirar si eso significa que podré hacerlo sin tener la sensación de que estoy agonizando.

Apenas consigo levantar una mano para invocar mi poder, pero me es imposible rebobinar. Lo único que siento es cómo mi cabeza lanza una punzada de dolor, tras la cual se oscurece mi visión por un par de segundos que me parecen tortuosamente eternos. No estoy segura de que realmente me haya recuperado cuando finalmente puedo ver algo. Sólo sé que mi nariz está sangrando, y que no puedo hacer nada para enjugar la sangre.

De acuerdo, Max...

No tienes poderes ahora...

Voy a recuperarlos, ¿cierto...?

C-Chloe... Tengo que encontrarla...

— ¡Auxilio! ¡Estoy atrapada!

Idea estúpida desde cualquier ángulo, lo sé.

¿Quién va a escucharme si estoy dentro de un bunker post-apocalíptico en un sitio totalmente apartado de la ciudad, oculto en el interior de un granero abandonado?

Chloe...

— ¡¡Auxilio!!

El pasar de los segundos me ayuda a ir recuperando poco a poco la consciencia sobre cada parte de mi cuerpo. Así puedo saber que mis muñecas duelen a causa de la falta de circulación, así como mis tobillos. También sé que en el lado izquierdo de mi nuca hay un pequeño golpe que punza y que, de alguna manera, sé que está sangrando.

No quiero hablar de lo que siento entre mis piernas.

No sé cómo es posible, pero eso... lo recuerdo bien.

¡Tengo que salir de aquí!

— ¡¡Chloe!!

Mi cuerpo aún está demasiado débil como para forcejear contra las ataduras. Lo único que puedo hacer es girar el cuello, aunque mis movimientos sean limitados. Me inquieta tener esa cámara enfrente de mí, aunque no tanto como me molesta que mis pertenencias estén justo al otro lado de mi habitación.

Mi bolso.

Mi chaqueta.

Mi móvil.

Mi cámara.

Mi diario.

— ¡¡Chloe, ayúdame!!

¿Cómo fue que llegué aquí...?

¿Qué fue lo que sucedió...?

— ¡¡Ayuda!!

¿Qué día es hoy...? ¡La tormenta!

M-mierda... ¡¡Por favor!! ¡¡Tengo que salir de...!!

Ha sido una mala idea forcejear tanto contra la silla, pues al final ha terminado por volcarse. Por suerte, eso bastó para hacer que las ataduras de mis manos se quebraran también. Poder flexionar mis dedos para devolverles la circulación de la sangre es lo más revitalizante que he hecho últimamente. Liberar mis pies me da al fin la oportunidad de levantarme, aunque me cuesta mantener el equilibrio. ¿A quién le importa si un par de trípodes y de cámaras caen a mi paso?

Love is StrangeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora