Rodeo su cintura mientras la velocidad provoca que mi pelo se mueva de atrás hacia delante, dejándome sin poder ver. Atravesamos un camino al que nunca había llegado, a pesar de vivir en esta ciudad desde que nací. Jamás había subido en moto. Me daba pánico llegar a caer, pero con Cameron junto a mí, soy capaz de todo.
Al final del camino de baldosas, llegamos hasta una especie de casa vieja de madera. Se nota que está abandonada desde hace años, pero sigue siendo preciosa. Es blanca con ventanas negras y tejas rojas. Sus ventanas, de más de metro y medio de altura, desde el suelo, indican que el edificio tiene nada menos que cuatro plantas. Me mudaría a esta casa si pudiera.
- Espera que te ayudo- se ofrece mi acompañante, dándome la mano como un señorito y ayudándome a bajar de la moto, y aunque pueda sola, le permito que me ayude a bajar, acabando por hacerme volar en sus brazos mientras me coge de la cintura.
-Que educado te has vuelto- le digo, colocándome bien la ropa.
- Por ti seré lo que quieras- demasiado cursi. Le miro y me comienzo a reír. Se da cuenta del motivo de mi risa.- Vale, demasiado cursi.- comienza a reír él también. Pasaría horas escuchando cómo nuestras risas se unen y forman una sola.
Cuando acabo con flato y con la mandíbula floja de tanto reír, vuelvo a quedarme petrificada contemplando la casa frente a mí, sin pestañear. Cuando Cameron ve que estoy embobada mirándola, me coge con dulzura de la mano, y detrás suyo, me guía hasta la entrada. Atravesamos la valla blanca que hay frente al jardín. Si estuviera abandonada del todo, la casa no tendría esa lavanda plantada a los lados. Le da un aroma que provoca que entrecierre los ojos y me olvide de todo. Abro los ojos y sin darme cuenta, Cameron me ha guiado hasta la puerta de la casa.
-Ven- ordena, acercandome hacía él, dejándome la oportunidad de poder mirarle a los ojos.
Me coge las dos manos y ,con cuidado, como si en un movimiento se me fueran a romper, me las coloca frente a los ojos, para que no pueda ver. Él se coloca detrás mío y coloca sus manos sobre las mías, guíandome. Camino un largo rato, tropezándome con todas las cosas que pueden haber en el suelo de la casa.
-Abre los ojos- susurra a mi oído. Su respiración junto a mi cuello me pone la piel de gallina y ligeros escalofríos comienzan a revolotear mi estómago.
Obedezco, y una gran sala está frente a mí. Debe ser tan grande como todo mi piso. Las ventanas enormes y negras tienen blancas cortinas que se balancean a causa del viento. La intensa luz de Luna alumbra en la oscuridad la hermosa habitación. Puedo ver una gran cama con dosel, y un alto techo, seguro que cuatro veces mayor que yo. En el centro hay un gran piano antiguo, y junto a la cama, pequeños cajones de madera. Toda la habitación está decorada como si fuera una casa de muñecas, de esas que valen cientos de dólares.
-Wow- consigo decir. Ni la persona más rica del país conseguiría un lugar tan acogedor en sus grandes mansiones.
-¿Te gusta?- pregunta Cameron, quedándose en la puerta de la habitación, mientras mira como me voy moviendo por todas partes para poder ver mejor cada rincón de ese pequeño paraíso. Sé que es una habitación y nada más, pero hasta a mí, que soy dificil de sorprender, me ha conquistado.
No contesto a su pregunta, si no que me quedo contemplando la cama. Las sábanas están sin hacer. Ese pequeño detalle se me había escapado. Alguien duerme en esa cama.
-¿Quien duerme aquí?- le pregunto con cuidado, mirando a todos lados. ¿Y si sí que vive alguien aquí? Estamos allanando una morada. Nos podrían detener.
- Yo- contesta con timidez.
Me giro de golpe para mirarlo. Si hace unos días yo misma estuve en su casa. No entiendo. Se queda mirando al suelo sin expresar ningún tipo de emoción.
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HIM
RomantizmLeah es una chica de 15 años corriente, en un instituto corriente, con una obsesión poco corriente. Desde los 4 años esta locamente enamorada de Cameron Dessner, un chico de su clase que no es del todo un adolescente corriente, que trata a Leah com...
