Dicen que el poder exige sacrificios.
Pero nadie habló de lo que ocurre cuando el sacrificio es el amor.
•2ª Temporada ya disponible en mi perfil «𝕴 𝖇𝖊𝖈𝖆𝖒𝖊 𝖍𝖎𝖘 𝖘𝖓𝖆𝖐𝖊»
⚠️ Aviso
Esta novela se encuentra en proceso de edición. Algunos...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
⋆⁺₊⋆ ⋆⁺₊⋆⋆⁺₊⋆ ☾ ⋆⁺₊⋆⋆⁺₊⋆ ⋆⁺₊⋆ PRYXTINE'S POINT OF VIEW ⋆⁺₊⋆ ⋆⁺₊⋆⋆⁺₊⋆ ☾ ⋆⁺₊⋆⋆⁺₊⋆ ⋆⁺₊⋆
Druella estaba sentada a mi lado, cerca del Lago Negro. Ambas observábamos fascinadas el espectáculo del calamar gigante. Orión me había contado que solía dejarse ver de vez en cuando, y llevaba días esperando tener suerte para verlo con mis propios ojos.
—¿Qué crees que le guste a Cygnus para su cumpleaños?— preguntó Druella, arrancando distraídamente algunas briznas de césped.
—Tal vez unos dulces, a él le gustan los dulces— sonreí de lado al recordando a Cygnus, Orión y yo con la boca llena de chocolates una Navidad pasada.
—¡Demonios! Trataré de conseguirlos— exclamó, llevándose las manos a las mejillas.
El atardecer cubría los terrenos de Hogwarts con una luz tenue. A esa hora, los jardines parecían mucho más tranquilos y, salvo por nosotras y el ocasional movimiento del agua, no había nadie cerca.
Estaba a punto de decir algo cuando una lechuza negra descendió hacia nosotras y se posó sobre el césped. Llevaba una carta sujeta en el pico.
La tomé con cierta extrañeza y, en cuanto lo hice, la lechuza emprendió vuelo.
—¿Quién la envió?— preguntó Druella, aparentemente con más curiosidad que la mía.
—No lo sé.
Le di la vuelta al sobre varias veces, buscando algún nombre o sello que identificaran al remitente. No había nada.
—¿Que esperas? ¡ábrelo ya!— me presionó.
Abrí el sobre, y saqué la carta doblada. Comencé a leerla.
Querida Dea.
Dea suena bien, de ahora en adelante serás Dea para mí. Espera mis mensajes, tal vez los recibas todos los días... O tal vez no.
Aunque tú no puedas verme, yo sí puedo verte a ti.
-MG.
Terminé de leer y levanté la vista.
Aquello había dejado de parecerme curioso.
—Eso es un poco... inquietante— murmuré.
La idea de que alguien pudiera observarme sin que yo lo supiera provocó que recorriera instintivamente los alrededores con la mirada.
Druella, en cambio, parecía encantada con el misterio. Durante los siguientes minutos comenzó a enumerar posibles responsables, descartando y agregando nombres con una seguridad absurda.