Capítulo final.

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Me encontraba en un remis junto a Patricio, volviendo a casa después de este agotador día. Luego de haber sido presentada a sus padres como su oficial novia, sentí como el peso que cargaba en mi espalda se desvaneció sin más. Por fin confirmé que lo nuestro era algo serio, algo verdadero que vale la pena. Sin duda habíamos tomado un gran paso en nuestra relación, del cuál ninguno de los dos se arrepiente ni quiere retroceder.
Lo que dijo Gastón volaba por mi cabeza. Antes de irnos, él pronunció aquellas palabras que me dejaron pensando. "Era hora de que se den cuenta que son el uno para el otro". Quizás, alargamos un poco la cuestión. Quizás, tiene razón y debimos darnos cuenta antes, para evitar ciertos conflictos y sufrimientos de por medio. Pero, qué se le va hacer. Eso nos sirvió de lección, y gracias a esos obstáculos nuestro lazo es aún más irrompible. No me arrepiento de nada.
Entrelazó mi mano con la suya, sin borrar su sonrisa. Me propuse ser feliz a su lado, y así será.

Llegamos a nuestro destino después de este silencioso viaje que me ayudó a acomodar mis pensamientos. Patricio le pagó al taxista y rápidamente nos bajamos del auto. Saqué las llaves y abrí la puerta. No hay lugar como el hogar, pensé. Dejé las llaves en la mesa y me saqué el abrigo, quedando en remera. El silencio se hacía presente en el ambiente, hasta que, finalmente, Patricio decidió romperlo.

-Le caíste re bien a mis viejos.

-Sí, por suerte sí. -sonreí al recordar la amabilidad de sus papás-.

-¿Ya no te sentís nerviosa? -preguntó, a lo que yo respondí negando con la cabeza-.

-¿Sabes qué? -hizo otra pregunta, acercándose a mí a largas zancadas-.

-¿Qué? -lo miré a los ojos-.

Patricio me acorraló sobre la pared, dejándome completamente inmóvil e indefensa.

-Hace mucho que no te hago mía... -susurró en mi oído con cierta delicadeza-.

¿Por qué tan repentinamente? Ese "de la nada" del asunto es lo que más me enloquece; no caben dudas de que es una caja de sorpresas. Y después de eso, sentí como el cuerpo me pesaba y como me costaba mantenerme en pie. Quise decir algo, pero no pude. Él sabe cómo me pongo.

-Mejor dicho, hace mucho no te hago el amor. -colocó sus manos bajo mi remera, agarrando mi cintura-.

Hacerme el amor. Qué lindas suenan esas palabras saliendo de su boca. Succioné mi labio inferior, enredando mis dedos en su cabello.

-Ando cansada Pato... -mentí, jugando un poco con él-.

Pude ver la desilusión reflejada en sus ojos. Qué maldad tengo, pobre. Si tan sólo supiera que lo deseo, lo deseo tanto, no creería ni caería en mis juegos.

-Bueno, te dejo descansar. Sabes que lo primero sos vos, lo demás no importa. -me robó un suave y dulce beso-.

-Sos un ángel, pero te estoy cargando, vení. -lo atraje hacia mí con cierta brusquedad, devorando sus labios-.

Me empujó con suavidad hacia el sillón, dejando un camino de caricias en mi piel. Sus labios se dirigieron a mi cuello, y ahí perdí el uso de razón. Dejó marcas en él, pero eso no me importó en lo absoluto. No sé la razón, pero siento que está vez es diferente, que sus caricias y sus besos son muy distintas a las otras situaciones. Nada es igual a antes, pero, es mejor.

¿Llegará el día en el que no necesite de él para vivir? Quisiera no necesitarlo, que mi felicidad no dependa de una persona. Pero, lamentablemente (¿o debería decir afortunadamente?) es lo que siento y ya es demasiado tarde para cambiarlo. Caí demasiado en sus redes; me acostumbré a algo que quizás no sea eterno. Pero debo disfrutar el momento, disfrutar cada segundo a su lado como si fuera el último, exprimir nuestro amor hasta que ya no haya gota alguna, y así, volver a crearlo día a día.

Lanzó mi remera quién sabe dónde, para luego retirar mi sostén con una desesperante lentitud. Me miró a los ojos, y en ningún momento rompió el contacto, eso es lo más lindo.

Las cosas pasan por algo. Y si la vida y el destino eligieron que terminemos juntos, por algo será. El tiempo mismo nos dirá el motivo, aunque, no sé si quiera saberlo.

Continuó con los besos, esos besos que me volvían loca, esos besos a los cuáles me volví adicta. Di un giro, quedando yo arriba de él. Me senté en su entrepierna, provocándolo aún más. Saqué su remera con desesperación, dejando caricias en su torso.

Llegué al punto que no me importa nada ni nadie, sólo su presencia. Cuando él está, mis tristezas se desvanecen, se reemplazan por la más pura y sincera alegría. Me siento completa, mi vacío se llena. No quiero alejarme, no quiero retroceder. Y sólo espero que él sienta lo mismo.

Entró en mí con delicadeza. Mordí mi labio inferior, reprimiendo un gemido.

-Me gusta escucharte gemir. -susurró con la respiración entrecortada-.

Solté una sonrisa.

Después de todo, esto sólo es el comienzo.

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Hola! Bueeeno...llegamos al capítulo final. No sé si se lo esperaban o se sorprendieron, pero bueno. Qué decirles, muchas gracias por acompañarme con esta novela. De verdad, gracias. Voy a estar preparando otra, así que...
Nada más que decir, espero que les haya gustado💕. Nos estamos viendo.

Tu locura [Pato Sardelli]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora