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—¿Y qué hay del perro? Puedo bañarlo—dije esperanzada.

—No creo que a Mimi le guste—respondió el señor Bobby tomando las llaves de su casa. Al parecer pensaba irse.

—No se preocupe, los perros me aman—intenté ser simpática.

Más tarde, deseé haber cerrado la boca y jamás haber conocido al hermoso y amoroso Mimi que no era nada más ni nada menos que un gigantesco San Bernardo.

—No olvides lavarle bien las orejas y las patas. Yo iré al supermercado y volveré en una hora—dijo Bobby.

—Estará brillando para cuando venga.

El hombre cerró la puerta y yo gasté la primera media hora tratando de subir al perro al baño que se encontraba en el piso de arriba.

Alfombras y escalera quedaron marcadas con sus patas.

—Vamos perrito, sube. Tú puedes, eres un buen perrito, Mimi.—incentivaba a la mole.

La única forma en la que el perrito llegó a la bañera fue dejando en el camino granitos de alimento que él iba comiendo. Más para limpiar.

Ya en la bañera, lo até a la canilla. El agua tibia y la espuma lo volvían loco y se sacudía cada cinco minutos: mi ropa y paredes mojadas.

—¡Ya basta, deja de sacudirte!—grité.

¿Para qué? El perro salió corriendo con correa y perilla del agua, mojando todo el piso.
El agua no paraba de salir, ya que no había con que cerrarla.

Bajé las escaleras y Mimi ya había abierto un paquete de alimento que se desparramaba por todo el suelo. Más para limpiar. ¿Desde cuándo bañar a un perro era tan difícil?

Caminé hacia él lentamente y cerré la bolsa.

—Ven, Mimi. Te espera un lindo baño arriba. ¿No lo quieres?

El lindo Mimi ladró y corrió al patio, donde el barro dejó sus patas blancas de color negro.

El patio de la casa de Bobby era bastante grande. Una pileta, plantas y dos árboles altos.

—¿Quieres hacerlo así? De acuerdo.

Salí al patio y comencé a perseguirlo. El perro comenzó a dar vueltas, y pronto nos encontramos los dos corriendo en círculos.

Dejé de correr y me detuve por unos segundos, tratando de encontrar la forma de hacerlo entrar. El perro me miró e hizo lo mismo.

Yo estaba parada delante de la piscina.

—Ven, Mimi, ven.—intenté llamarlo.

Desgraciadamente esta vez, Mimi me escuchó.
El gigantesco can corrió hacia mí y se lanzó sobre mí, empujandome a la piscina.
Me di un gran chapuzón, y me enfurecí aún más. Esto no iba a terminar así.

—Te darás ese baño si o si—gruñí.

Salí del agua, tomé mi teléfono y llamé a Stiles's Wife😸.

—Sabri, ¿Te gustan los perros?

Mi hermana llegó lo más rápido humanamente posible e hizo lo que yo debí en veinte minutos.

—Eres un buen perrito, Mimi—dijo Sabri mientras cepillaba al perro.

Yo limpiaba el baño y trataba de reparar la canilla que el can había roto.

—Es una bola de grasa inservible—respondí molesta.

—Tú eres la inservible.

La escalera y la alfombra del living aún me esperaban y no pude creer como es que lo logré limpiar todo antes de que Bobby llegase.

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⏰ Última actualización: Jul 21, 2016 ⏰

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Enamorada del Sr. O'BrienDonde viven las historias. Descúbrelo ahora