Décimo Noveno Capítulo: hablándole a su tumba

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DANIELA

La casa era acogedora, antigua si pero todo se veía bien y estaba perfectamente organizada, todo combinaba en colores oscuros, las cortinas abiertas hasta tope iluminaban todo el área.

-es una casa muy linda –

-¿quieres recorrerla? –asentí.

Estábamos subiendo las escaleras y un retrato de una mujer de brillantes ojos negros y pelo azabache llamo mi atención, era bellísima sin embargo transmitía tristeza y dolor.

-es mi madre –Severus me abrazo por los hombros.

-es hermosa –

-sí que lo era, vamos sigamos mirando pequeña –me empujo despacio para que siguiera subiendo, cuando llegamos arriba abrió una puerta –esta era mi habitación –paredes y muebles blancos una cama con tapado azul y todo perfectamente ordenado.

-veo que desde pequeño te gustaba mantener todo en orden –choque mi hombro contra su pecho.

-ya sabes todo fríamente calculado, sigamos mirando –salimos al pasillo habían cinco habitaciones contando la anterior.

-este es mi estudio, no toques nada pequeña hay pociones e ingredientes peligrosos –me sostuvo en la entrada –pasamos de largo dos puertas con la excusa de que eran el baño y la pieza de invitados –esta es la habitación principal –entramos había una espaciosa cama de cubrecama negro y paredes blancas.

Cuando vimos toda la segunda planta fuimos por la primera, allí estaba la cocina, la biblioteca, el comedor, otro baño y el salón, nos quedamos en la última sentados en los sillones.

-¿por qué no vives aquí? –

-es un lugar que me trae muchos recuerdos y me da tristeza –

-a mí me gusta mucho –confesé.

-me di cuenta por como admirabas todo, si tú quieres más adelante podemos vivir aquí –soltó.

-¿lo dices en serio? –asintió –me encantaría Severus pero me gustaría más que fuera un lugar donde podamos huir y escapar de todo por algunos días, algo así como un lugar solo para los dos –

-me agrada tu idea pequeña, ahora vamos andando –

-andando ¿dónde? ¿No nos vamos a quedar un ratito más aquí? –no quería irme aun.

-podemos venir otro día si quieres pequeña, pero ahora vamos toma mi brazo –no pregunte más y me afirme de él.

Era un lugar solitario, frío, había muchos árboles, mire el suelo, estábamos en un cementerio.

-¿Qué hacemos aquí Severus? -¿Por qué me traería aquí?

-quería que mi madre te conociera y tú a ella –caminamos un poco –no pienses que estoy loco hablarle a mi madre es algo que me hace sentir bien –tomo aire -madre aquí te traigo a mi esposa Daniela, sé que desde donde estas puedes verla y ver lo feliz que me hace, juntos venceremos cualquier tempestad y derrotaremos al señor oscuro –mientras le hablaba a la tumba de su madre se veía frágil y triste.

-hola –sonreí porque no sabía su nombre -¿cómo se llamaba? –

-Eileen Prince –

-hola señora Eileen, como dijo Severus soy Daniela su esposa –tome la mano de Severus -vera quiero que sepa que amo a su hijo con toda mi alma y daría lo que fuera por verlo feliz, soy años más joven pero eso no es un impedimento para nosotros, lo apoyaré en todo y juntos vamos a hacer caer a mi padre, puede estar tranquila desde donde esté que su hijo nunca más volverá a estar solo –iba a seguir pero me interrumpió.

Los profundos ojos de Severus SnapeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora