Décimo Cuarto Capítulo: la boda

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-está bien, ¿primero me ducho o tomo desayuno?-

-corre a ducharte, que el tiempo pasa rápido y no nos daremos cuenta cuando ya tengas que caminar a unir tu vida con Severus-

Llevaba unos 20 minutos en la ducha cuando Narcisa entro al baño para cortarme el agua y hacerme salir, ¡por Merlín! –Narcisa estoy desnuda ¿dejarías por ultimo cubrirme con la toalla?-

-¡Ay querida no tienes por qué sentir vergüenza, somos mujeres, no creo que tengamos algo diferente! Sécate por favor y siéntate frente al tocador-

Tiene razón y si lo miras de ese punto me convence, me seque rápido y me senté, en el tocador habían tostadas, café y frutas. -no creo que pueda comer todo eso, ¿por qué cosa comenzaremos?-

-está bien si no te comes todo, pero trata de comer de todo eso un poco y reposar bien lo digerido, es parte del ritual, ropa interior y peinado querida, tú solo siéntate y deja que haga maravillas-

Casi estaba lista, faltaba solo acomodar algunas cosas en mi vestido -¿apoyas a mi padre porque quieres o porque no tienes elección?- pregunte mientras ella terminaba con los últimos detalles.

Pareció pensar su respuesta –hoy en día sólo porque no tengo opción pequeña, quizás que cosas podrían hacerme o a mi familia si me niego a obedecer, todos cometemos errores de los cuales más tarde nos arrepentimos, ya no pienso igual que antes y detesto todo lo que mi señor le hace a gente inocente, nadie merece sufrir tanto, sólo espero que todo termine dentro de poco para poder respirar más tranquila-

-gracias Narcisa, eres una buena mujer, cariñosa, preocupada y amable, sé qué ahora te preguntas porqué te doy gracias, pero es por ayudar a mi madre, por hacerle compañía y hacer su sufrimiento menos grande, por recibirme tan bien, por ayudarme en este momento y ser como una madre desde que la mía no está conmigo- estaba comenzando a llorar –has sido un gran apoyo junto a Severus y dudo mucho que hubiese podido afrontar todo esto sin su ayuda-

-no sigas querida, si hice todo fue porque me nació, porque era lo correcto, ¿Cómo no abrir mis brazos a ti cuando eres tan frágil? Eres tan pequeña e inocente, nadie aquí es agradable con nadie, todos se preocupan por sí mismos, no llevamos tanto tiempo juntas pero eres como la hija que nunca tuve, te cargue cuando eras solo una bebe y verte así ahora a punto de casarte me llena de emoción, me di cuenta por tu forma de ver a Severus que lo quieres y él a ti, lo conozco hace demasiados años y jamás lo vi de esta manera, tú lo haces feliz no dudo que serán felices pero necesitaras de mucha fuerza para poder sobrepasar todo lo que se les venga encima- me abrazo –y para cualquier cosa lo más mínimo voy a estar aquí para ti-

-de verdad gracias Narcisa-

-serás una jovencita muy fuerte y valiente- alguien tocaba la puerta.

-Narcisa ¿está lista?- me miro –pequeña estas preciosa, espero de verdad que seas feliz, aunque te verías mucho mejor como mi nuera-

-Lucius no molestes a Daniela, no dejes que te incomode le gusta travesear-

-solo jugaba, nuestro señor te espera en la escalera, nos vemos luego- me hizo una reverencia y estiro su brazo esperando a Narcisa.

-mucha suerte querida- y ambos salieron dejándome sola, se acerca el momento, en unos minutos pasaría a ser Daniela Snape, como me gustaría que mamá estuviera a mi lado y que todo fuera normal, me miraba al espejo mirando la nada cuando tocaron la puerta.

-Daniela hija ¿Qué esperas? Severus debe estar pensando que te arrepentiste, estaba en la escalera esperándote y no llegaste nunca, sabes que me irrita la impuntualidad-

Los profundos ojos de Severus SnapeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora