Cuadragésimo Octavo Capítulo: destrucción y junta

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-¿y porque no me dijiste Draquito? Yo también quiero ir –quería demostrar que podía ser digna de Draco.

-si no te dijo es porque eres una llorona y mimada que no soportaría eso –respondí.

-¿Qué sabes tú? No te metas en mis asuntos asquerosa, y claro que puedo, yo quiero ser parte de ese bando –tomo la mano del rubio –del bando de los chicos rebeldes –

-me gustaría verte estúpida –

-como si tú tuvieras el mínimo de agallas de las que yo poseo –

-tú no sabes nada y ten cuidado de lo que dices –termine de comer –Draco ¿puedes ir a dejarme? –

-si Ela vamos –nos pusimos de pie y por el rabillo del ojo pude ver como mi esposo se levantaba.

-creo que deberías quedarte para contarle –le sugerí a Draco mientras esperábamos que Severus llegara a la habitación.

-¿contarme qué? –entro el azabache.

-padrino –se acercó a saludarlo –lo que pasa es que hoy encontramos la diadema –

-por fin se demoraron bastante en dar con ella ¿Cuándo destruirán esas cosas? –

-ya lo hicimos cariño –

Severus nos miró a los dos de arriba-abajo.

-¿y cómo lo hicieron? –

-Ela destruyo la diadema y está por un momento como que la apretó y causo dolor y luego yo destruí la copa –dijo orgulloso y saco pecho –se hizo una especie de Tsunami que nos persiguió y nos tapó enteros –

-supongo que cuidaste de Daniela y él bebe –

-claro que si padrino en todo momento estaba yo ahí para cubrirlos –se puso de pie –bien yo me voy nos vemos mañana –

-¿Por qué no me avisaste que ibas a bajar a la cámara? ¿Y si les hubiera pasado algo? –

-cariño no era necesario no era tan grave lo que haríamos además mírame –me apunte –estoy enterita y muy bien –lo bese.

-tienes que mantenerme informado de lo que harás por simple precaución pequeña –comenzamos a besarnos.

El beso estaba subiendo de tono cuando Severus se afirmó el brazo.

-nos está llamando pequeña, abrígate y vamos andando –corrí a ponerme un abrigo y lo tome por el brazo.

-mi señor los espera en el salón ha llamado a varios a una junta –dijo colagusano cuando llegamos.

-¿Qué crees que quiera hablar? –

-no lose pequeña pero debes tener cuidado –toco mi frente y entramos a la habitación, todos se voltearon a vernos.

-Daniela y Severus tomen asiento los estaba esperando –nos sentamos juntos –solo falta que llegue Draco –miro a los Malfoy.

-aquí estoy mi Lord disculpe la demora –el rubio se sentó entre sus progenitores.

-supongo que les sorprende que los haya convocado, ya que no tenemos ningún ataque cerca –se puso de pie y comenzó a caminar por la sala –he descubierto que Potter está destruyendo mis Horrocrux –se detuvo atrás de nosotros -¿Cómo es posible Severus? –

-supongo que Dumbledore debió de haberle mencionado su existencia antes de morir mi señor –

-¿y porque no lo detuviste? –Se acercó a mi esposo -¡Crucio! –Severus cayó de la silla y se doblaba por el dolor pero nunca grito.

-¡padre deténgase! –Me acerque a Severus –él no tiene culpa –comencé a llorar.

Detuvo la maldición – ¡cállate Daniela! –me empujo.

-Ela querida –Cissy se acercó para levantarme y detenerme –cálmate y toma asiento –

Voldemort me miro y me sonrió –Crucio –Severus volvió a estremecerse.

-¡ya deténgase! No le haga más daño –volvió la vista hacia mí y vi una sonrisa diabólica.

-¡llamaras a Potter y lo harás venir a mí! –grito.

-hare lo que sea padre pero por favor se lo ruego no siga dañándolo –todos se quedaron en silencio sentí sus miradas puestas en mí y el bastardo se detuvo –Severus cariño –puse su cabeza en mis piernas –Draco por favor ayúdame a llevarlo al castillo –el rubio lo pensó un momento y me ayudo a levantarlo.

-después de dejarlo allá vuelves –ordeno –tú Malfoy puedes quedarte por allá no te necesito aquí –

Caminamos hacia la chimenea tome un poco de polvos Flu y mencione nuestro destino, apenas llegamos Draco lo fue a dejar a la habitación y corrí por unas pociones.

-cariño yo sé que te duele pero por favor toma esto –vacié una poción calmante de músculos y sobe su garganta para ayudarlo –muy bien ahora esta –le di una relajante y una para dormir –Severus debo volver pero te quedas con Draco –bese su frente –te amo –me levante pero el azabache había afirmado mi brazo –por favor Severus debo hacerlo, no puedo permitir que te haga daño –caían lagrimas por mis mejillas –cuídalo mucho Draco por favor –y volví a la chimenea.

-me gusta así querida, que no me hagan esperar –hablo el loco bastardo –siéntate donde estaba Severus –lo hacía a propósito –estaba hablando con los demás del ataque a Hogwarts, tú estabas allí ¿no viste nada raro? –

-nada padre todo fue muy indiscreto –

-no creo que tanto, el maldito de Dumbledore acabo con todos los mortifagos que había enviado por suerte pudieron herirlo gravemente antes de que el acabara con mis seguidores –

-ese anciano era bastante astuto no logro creer como pudo solo con los enviados –

-pero lo importante es que ahora está muerto –todos rieron y escuche la risa de Bellatrix por sobre todos –admiro lo que hiciste por Snape hija –se reía en mi cara.

Me quede callada controlando mi rabia sino Merlín sabe que cosas le hubiera respondido.

-veo que te afecto demasiado –todos rieron mire a Cissy para ver una mueca en su cara Lucius apretaba su puño dándome fuerzas -¡todos fuera! –Grito –tengo que hablar con mi hija –

Uno a uno fueron desapareciendo hasta dejarme sola con el lunático.

-detesto que se metan en lo que hago –

-padre no era justo con mi marido, él no tiene la culpa de que el anciano instruyera a Potter –

-¿estas cuestionándome? –

-claro que no padre no me atrevería, discúlpeme es solo que soporte ver a mi esposo de esa manera –

-Crucio –me apunto con su varita y sentí mucho dolor grite por la sensación, trate de abrazar mi vientre y el dolor ceso pero sentí mi cuerpo débil y adolorido –te las ingeniaras para llamar a Potter da lo mismo si es al castillo o la mansión y allí lo entregaras a mí, si llegas a fallar el que pagara será tu querido esposo –

Como pude me volví a sentar –padre –se volteo a mirarme –hare lo que usted me ordene solo deme tiempo –

-tienes tres meses como máximo para localizar a Potter y tratar de convencerlo, no puedo arriesgarme a que destruya a Nagini –

-como usted diga –asentí –mañana Draco traerá unos muchachos que desean unirse –

-¿Draco? –

-si padre Draco, él los convenció de unirse, yo ayude un poco pero casi nada –

-muy bien querida –palmeo mi cabeza como si fuera un perro –vengan mañana a media noche los estaré esperando, ahora retírate –

-hasta entonces padre –puse todo mi esfuerzo en salir de allí apenas cerré la puerta me desplome en el piso y no recordé nada más.

Los profundos ojos de Severus SnapeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora