Trigésimo Séptimo Capítulo: gritos

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-entiendo que todos estén molestos conmigo ¿pero qué hubieras hecho tú en mi lugar Draco? Por casualidad llegue a Severus no se me ocurrió una mejor forma de traerlo, estaba aterrada de que algo peor sucediera ¿Qué hubiese pasado con él si yo no hubiera salido a dar una vuelta? ¿Si Amelia no hubiese salido corriendo hacia el bosque? –

-te entiendo pequeña serpiente pero compréndenos a nosotros también estábamos muy preocupados por ti –tomo mi mano.

-¿te quedaste conmigo toda la noche? ¿Por eso andas con esas ojeras tan grandes? –

-no podía dejar a mi hermana y mi sobrino en camino solos, a pesar de que estuvieras con Severus, estuve aquí hasta un rato después que despertó mi padrino después fui a hacer dormir a Eileen –se pasó las manos por el pelo y rio -¡por Merlín esa pequeña es toda un tramposa! Hizo que me acostara con ella y le contara unos diez cuentos con la excusa de que era el último –suspiro –y cuando por fin se durmió vine a verte de nuevo y creo que me dormí un poco antes de que despertaras –

-gracias Draco –me levante un poco -¿podrías llamar a madame Pomfrey? Ya me quiero ir –

Draco se fue a buscarla y ella llego en un instante.

-querida sé que ya te sientes mejor pero quiero que descanses por ahora para tenerte en observación y si todo está bien en la tarde podrás irte –

-está bien gracias –sonreí y la mujer se fue -¿Qué fue lo que paso ayer, que era todo ese alboroto y porque Severus estaba así? –

-no tengo la menor idea Ela –trato de disimular el nerviosismo.

-vamos Draco yo sé perfectamente que tu estas al tanto de lo que ocurrió ¿Por qué no quieres contarme? –

-porque es algo que yo debo decirte y le hice prometer que no te diría –Severus entro en la habitación ondeando su capa –déjanos solos Draco –y el mencionado se fue.

-¿tan grave es que le hiciste prometer que no me lo contara? –

-Markov deja de hacer tantas preguntas y concéntrate en recuperarte –sus palabras me helaron hace mucho no me trataba de esa manera –ayer hubo un ataque a Hogwarts de unos diez mortifagos aproximadamente –se sentó más o menos lejos de mí –el ataque que comento tu padre cuando fuimos a darle la noticia –asentí- quería eliminar a Dumbledore yo lo debía guiar y dejarlo a merced de sus sirvientes cosa obvia que no hice, ambos luchamos contra los mortífagos de ahí mis heridas de anoche uno de ellos estando en muy mal estado mató a Albus –no hablo por lo que parecieron minutos –acabe con él pero ya era demasiado tarde Dumbledore ya nos había dejado –

-¿y cómo estás tú? –pregunte con dulzura y estire mi mano esperando la suya pero nunca llego.

-¿es que no me ves? Vaya que eres estúpida en algunas ocasiones, mis heridas sanaron pero no pude cumplir con el deseo de Albus, sin contar que mi esposa es una loca idiota que se pone en riesgo y además a mi hijo –ya no era para nada delicado y tranquilo sus palabras estaban llenas de rabia y sarcasmo.

-¡no tienes para que hablarme de esa manera maldito idiota! Hice lo primero que se me vino a la mente no podía dejarte ahí estaba preocupada y desesperada ¿Cuántas veces voy a tener que repetírtelo? –el abrió la boca para hablar pero seguí –déjame terminar de hablar ¿Qué hubieras hecho en mi situación? ¿Me abrías dejado allí? –Comencé a llorar y él se acercó –no te acerques a mí imbécil déjame sola y por favor no me busques –grite histérica.

-pero por Merlín ¿Qué son todos esos gritos? –vino corriendo madame Pomfrey al verme llorando e histérica –cariño por favor no te alteres le hará mal al bebe, profesor Snape es mejor que se vaya y vuelva en otro momento –lo hecho del lugar y fue a buscar un frasco a una repisa –bebé esto –me lo entrego –te sentirás mucho mejor y te dormirás –lo tome de un trago –bien te dejo tranquila para que descanses –y se fue.

Los profundos ojos de Severus SnapeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora