Los almohadazos se detuvieron y el silencio se impuso en la habitación, únicamente interrumpido por los gritos de Lucía. Diego la cargó en el aire y la abrazó fuerte, la besó por toda la cara y la admiró un momento.
Diego: Has crecido princesa? -preguntó recogiendo un mechón de pelo detrás de su orejita.
Lucía: Ti. Ya soy gande -mostrando lo grande que era estirando las manos.
Diego: Si, ya lo veo -rozó cariñosamente su nariz con la de su hija- Te extrañe mucho chiquita
Lucía: Yo y mi mami tañen. A que sí mami? -los dos voltearon a ver a Roberta quien se había quedado blanca de la impresión.
Cuando recobró el sentido, se arregló el pijama, se levantó y caminó hacia el baño esquivando a Diego en la puerta.
Roberta: Con permiso -murmuró con voz queda.
Diego se quedó quieto en la puerta después de que ella pasara. Sabía que no se había despedido de la mejor manera..., bueno, de hecho no se había despedido, porque antes de ir a casa de Alma al llegar de su viaje, había pasado por su casa y la había encontrado exactamente como la dejó él hacía dos días, lo cual quería decir que Roberta no había ido por allí y no había leido la nota.
No se había despedido y la última vez que se habían visto habían discutido... tenía que hablar con ella. Volteó aún con la niña en brazos y empezó a caminar decidido hasta que la voz de Miguel lo detuvo.
Miguel se levantó de la cama, se arregló la toalla ya que con el movimiento pues... bueno, que se la colocó (la toalla) y se acercó a él. En ese momento Diego se percató de lo poco vestido que iba Miguel.
Miguel: Diego pásame a la niña -estiró los brazos hacia ella pero él dio un paso atrás- Piensas ir con ella a hablar con Roberta? -preguntó.
Diego: -alejándose de él- Y tú piensas que yo te voy a dejar a mi niña cuando vas medio encuerado? Nooo, wey! Pero tienes razón -a Lucía- cariño quédate con tía Mia, vale?
Lucía: Te vaz a ir? -hizo pucheros. Diego no se resistió y la estrechó fuerte, la había echado mucho de menos- Papii me estruuujaaaaz no pedo respiiiraarr
Diego: Lo siento chiquita pero es que te extrañé mucho -dijo hablándole como bebe, sonrió y la dejó en la cama con su primito y su tía- Luego vendré por ti vale? -la nena asintió y Diego caminó hacia la puerta.
Lucía: Papi!!
Diego: Qué pasó princesa? -volteándose a mirarla.
Lucía: Te quero :cara_burlon::cara_coqueta:
Diego no pudo con la emoción y corrió hacia ella la levantó en el aire y la estrechó fuerte llenándola de besos y repitiéndole mil veces que la amaba.
Lucía: Papi pareces mi abu Alma! -Diego frunció el ceño pero finalmente rio, la dejó en el suelo y estaba vez sí salió.
Una vez fuera de la habitación, se dirigió al primero de los numerosos baños que tenía esa casa. Nada. Probó con otro. Nada. Otro y nada. Antes de mirar en la planta de abajo, probó suerte en el único que le faltaba de esa planta: el de la habitación de Alma.
La puerta de la habitación estaba entreabierta y un rayo de esperanza cruzó su alma. Quizás la había dejado así con la intención de que él entrara y... No! Cómo podía siquiera pensar que Roberta iba a acostarse con él después de lo que había pasado?
Se adentró en la habitación y se acercó a la puerta del baño: ruido de agua. Roberta se debía estar duchando. Probó a abrir la puerta pero estaba cerrada con llave.
