— Cariño, hemos llegado — la voz de mi padre hizo que mis párpados se abrieran perezosamente. Me encontraba hundida en el mullido asiento del copiloto de la camioneta.
Los rayos de sol chocaban contra el capó deslumbrando mi visión, haciendo que parpadeara varias veces.
Miré el asiento de piloto, mi padre ya había bajado de la camioneta. Qué considerado, me hace hacer un maldito trayecto de cuatro horas hasta este maldito pueblo y no es capaz de esperar.
Salí de la camioneta con un portazo que hizo chirriar los amortiguadores.
Maldita chatarra.
— Me parece que alguien se levantó de la siesta con mal humor — se mofó mi padre, que se encontraba delante de la puerta de esa casa, casa que aunque parezca irónico me resultaba desconocida; once jodidos años sin pisarla.
— Tú me haces estar de mal humor — grité al ver como entraba con una irritante sonrisa.
Cogí una caja del maletero, en ella traía mis cosas básicas: ropa, portátil, algunas fotos... Rodeé la chatarra que tenía mi padre por coche, y subí las tres escaleras del porche con indesición.
— ¿Te vas a quedar ahí? — dijo mi padre desde el fondo del pasillo. ¿Estaba alegre? Porque a mi esto me parecía un infierno, un maldito pueblo fantasma. Las calles eran desoladoras, y juraría que no hay más de tres supermercados, hasta dudo de que este asqueroso pueblo tenga centro comercial.
Pasé el umbral de la puerta y una extraña sensación de calidez me invadió. Recorrí desde la entrada y el saló con la mirada. Todo estaba igual que como lo dejamos, daba la impresión de que el tiempo no había pasado en absoluto. Podía imaginarme jugando con las pinturas de mi madre sobre el sofá mientras, ella preparaba la comida. Uno de los pocos recuerdos que tengo, por desgracia.
Me adentré por el pasillo y subí las escaleras de madera barnizada. Sí, este edificio de dos plantas que alguna vez llamé hogar tenía una decoración rústica ejemplar, y por lo visto el paso del tiempo no había pasado factura a los hermosos muebles de madera que en algún momento eligió mi madre. Por lo visto todo aquí gritaba su nombre.
Llegué a mi habitación y todo menos mis juguetes -que ya no estaban- se encontraba impoluto. Las sábanas de franela dobladas, la pared con ese color azul cielo que tanto adoraba de pequeña, las finas cortinas blancas cayendo como angelicales cascadas a los laterales de la ventana...
Di dos pasos hasta llegar al escritorio y dejar la caja sobre su superficie.
— ¡Rox! — gritó mi padre desde abajo, bufé al escucharlo. Tenía que controlarme hasta estando bajo el mismísimo techo. — ¡Roxanna!
No contesté y con silenciosos pasos volví a bajar.
— Hija podrías contestar cuando te llamo — rechistó mi padre tambaleándose en su bastón de madera con broches en plata. Siempre se estresaba en cuanto a mi persona se refería, tenía que saber dónde estaba en todo momento y no le culpo, hace doce horas estaba en la comisaria aguantando la reprimenda de Dereck.
— Podría, pero, no me da la gana.
— Entonces no te interesará lo que tengo que decirte sobre tu Mustang, el cual está a cuatro horas de aquí ... — dijo lentamente, recalcando la palabra mustang, con todas sus letras. Él sabía que mi coche era mi punto débil y que lo usara para chantajearme me irritaba los ovarios.
— ¿Qué coño has hecho con mi coche? — bueno, posiblemente no era totalmente mi coche; tengo que aclarar que me costó mucho robarlo.
— ¡Roxanna aprende hablar como las señoritas! — en todo el salón retumbó la grave y potente voz mi padre.
— Di lo que tengas que decirme — espeté cansada.
— Mañana irás al instituto, acabarás tu último año con buenas notas, ¿escuchaste? Nada de alcochol, robos, peleas y menos aún...
— ¿Menos aún qué? — le interrumpí. Ya sabía lo que iba a decir. Me lo había repetido tantas veces que su voz con tono amenazador se había grabado de forma permanente en mi subconsciente, incordiándome nada más recordarla.
El me miró retante, esa mirada ya no me daba miedo, solo le sirvió mientras era una niña —. Nada de carreras.
— Como no corra contra las abuelitas del bingo — me carcajeé, él intensificó su mirada —. ¡Que vale! Nada de drogas.
Me di media vuelta, con la intención de volver a mi cuarto e instalarme, pero antes de poder hacerlo, mi padre añadió algo más.
— Roxanna, no hagas esto más difícil.
Hice caso omiso a su comentario y como tenía pensado, subí a mi habitación.
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Reckless - nh au #1
FanfictionRoxanna Willson, una chica que creció sin el cariño de su madre se ve obligada a ir al pueblo donde vivió su infancia y donde recobrará el deseo de cumplir su sueño. Sin embargo, los sucesos del pasado y una incógnita sin resolver harán que sus plan...
