Capítulo 22

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Llegué a casa sobre las cinco y cuarenta minutos. La cabeza me iba a explotar, sentía la vena de mi sien palpitar. Casi me arrastré hasta la puerta, dejándome recaer en el manillar para poder abrirla. Entré y como era de esperar mi padre no había llegado. Tiré la mochila a un lado de la entrada y las llaves del coche sobre la mesita decorativa que había a la derecha.

Estaba cansada, y no cansada de "Ay que pereza", sino cansada de "necesito dormir por meses y que el mundo se olvide de mí".

Encendí las luces del pasillo, entre pasos torpes llegué a la cocina, me tomé una pastilla para el dolor de cabeza y amarré mi pelo en una coleta desordenada.

Al final, Louis había encontrado un localizador en el tubo de escape de mi coche. No dudo que lo hayan colocado esos tipos el día que los vi aparcados en frente de mi casa. Me remonté la cabeza con pensamientos paranoicos, pero, la ocasión los merecía. ¿En qué mierda me he metido? Le había prometido a mi padre no más problemas. Sin embargo, tenerme a mí ya era uno.

Me recosté en el sofá mientras oía de fondo las noticias de la Fox: parlantes monótonos y anuncios de teletienda por un tubo; América.

Cogí mi teléfono móvil, hacía rato que tenía la jodida luz parpadeando, simplemente no me apetecía verlo. Eran mensajes. Uno de Liam.

No te ví a la salida del campus. Ni en mecánica. Me preocupas... bueno, mañana  irémos mi hermana y yo a una carrera, ¿qué dices, te apuntas?

Sonreí. Desganada pero lo hice. Me tome mi rato para contestar; para mentir.

Me encontraba mal y tuve que irme de clases. Por supuesto que voy, sin mí no podéis festejar(;

El siguiente mensaje aceleró mi pulso y con él, mi dolor de cabeza. "RubioCabrón" te ha enviado un mensaje. En serio, abrir su mensaje me costó la vida. Después de haber bebido tantas experiencias con el en un sólo día, verlo en lo alto y al segundo tan abajo me había descolocado. Sufría con las imágenes que se proyectaban en mi mente con su rostro tan vulnerable, era como ver la más brillante estrella apagarse y eso me consumía.

Tienes una pistola dentro de tu mochila, no dudes en matar a cualquier cabrón que te ponga las manos encima. - leí ese mensaje con la boca seca, era saber que esas palabras las escribió él y que mi respiración se cortara y pesara como plomo. Era un maldito cáncer.

Y ahora el dilema, mi Yo que solía conocer se negaba a contestar esta mierda de mensaje, optaba por borrarlo de mis contactos. Por otro lado, la Yo que se asfixiaba con cada mirada del gilipollas de Horan reclamaba voto de voz. Reclamaba contestar ese mensaje como si fuera abrir un maldito regalo de navidad, esperando que detrás de ese viniera otro, y otro, y otro... Contesté. Pero contestó la Yo de siempre; la que el pasado se había encargado de construir con armadura de hierro.

Genial, tal véz la utilice para acabar con mi vida. - tecleé, y tan pronto como lo hice ya me había contestado.

Eso sería la opción más fácil. No creí que fueras una cobarde, gatita - maldito hijo de puta, ¿alguien me quiere decir como consigue ponerme de mala leche? Porque lo hace.

No creo que sea de cobarde acabar con mi vida.

Sí. Es una manera de escapar de los problemas - otro mensaje.

¿Entonces lo valiente sería... matar a otras personas? - envío orgullosa de  la dirección que toma esta conversación.

Si las persona es la causante de tus problemas sí. ¿Que intentas Roxanna?

Tú eres el causante de mis problemas - respondo sin dudar. Al menos no dudo hasta que veo que lo he mandado y un nudo colapsa mi vientre.

Mis manos tiemblan y el móvil cae en mi regazo. Escalofríos recorren mi espalda y decido acurrucarme en un lado del sofá, envolviéndome una pequeña manta. El móvil queda justo delante de mi cara. Cogo aire pesadamente, obligo a mis pulmones a respirar. Pero ellos solos inhalan aire al ver la luz del móvil parpadear. Tengo frío.

Reckless - nh au #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora