Mis párpados se abren, y la cabeza me va a estallar. Mis ojos se sienten hinchados como la mierda y un estruendo hace que suelte un bufido. Niall ya se ha levantado.
Localizo mi vestido de anoche y me lo pongo, cogiéndo los tacones en una mano. Salgo por el pasillo hacia la cocina, donde Niall está colocándose, o sea, ninfando droga como todo un campeón. La escena hace que ganas de vomitar de apiadan de mi garganta, hace mucho que no olía la droga. Digamos que mi padre me obligó a ir a terapia para dejar el consumo y por una vez le hice caso.
— ¿Qué miras? — pregunta borde. Como se nota que ayer estaba ebrio.
— ¿Y a ti que te importa imbécil? — le dedico una sonrisa cínica y me doy media vuelta para salir de la cueva de Niall. Mis dedos tocan el manillar de la puerta justo en el momento en el que una mano agarra mi muñeca.
— Te llevo — dice su grave voz. Sus cambios de humor me ponen enferma.
Abro la puerta y camino descalza hasta su Audi, espero a que lo abra y me dejo escurrir dentro.
Él entra en el coche y enciende la radio, para escuchar música heavy que hacen tronar mis tímpanos.
[...]
Estaciona el coche en frente de mi casa. Sigue marcando el ritmo de la música con su pie, mientras mira en un sentido contrario al mío. Idiota. Le dedico mi misma indiferencia y salgo. Doy un portazo a la puerta, que se joda.
Entro en casa y un constante toque en el suelo de madera a mi espalda me alerta. Brad.
— Buenos días — mascullo dándome la vuelta. Su rostro está rojo, al igual que su cuello. Su mandíbula esta tensa y sus ojos me advierten de que anoche bebió. Hace tiempo que no lo hacía, desde muy pequeña no lo veía en ese estado.
— ¡¿Qué coño te dije yo anoche?! ¡Cuando te digo una cosa es para que la cumplas Roxanna!
— Me tienes harta, deja de controlarme — escupo. Su mano impacta con mi cara inesperadamente. Duele. Lo miro directamente a los ojos, esperando que mis demonios le demuestren lo mucho que me avergüenzo de él. Nunca me había pegado, pero por lo visto hoy quizo descargarse conmigo—. Gilipollas — digo sin alejar mi mirada de la suya. Otra vez su mano vuelve a impactar con mi piel con más dureza, y esta vez no puedo reprimir un grito que rompe mis cuerdas vocales.
— ¡¿Cuándo aprenderás a hacerme caso?! ¡Te has convertido es una desecho sin remedio!
No me lo puedo creer, semejante escoria de padre. Lo miro con decepción y su rostro se mantiene inexpresivo. Camino lentamente hasta la escalera.
— ¡Que me hagas caso cuando te hablo joder! — me empuja desde atrás haciendo que pierda el equilibrio y caiga, dándome con la cabeza contra el escalón de la escalera. Llevo la mano a mi frente y noto algo frío. Mierda. El dolor nubla mi vista y a duras pena logro volver a levantarme. — Roxanna — dice más calmado a la vez que hace ademán de agarrarme.
— ¡Aléjate! — me zarandeo y subo corriendo las escaleras.
Al entrar en mi habitación las lágrimas no tardan en caer. Me siento sucia y hecha mierda. Voy hasta el baño y me miro en el espejo, mi ojo no tardará en hincharse y la herida de mi frente sigue sangrando. Mis lágrimas se mezclan con algunas gotas de sangre en mi mejillas. Apoyo mis palmas de las manos en el borde de la encimera. Y lloro. Lloro porque necesito a mi madre, porque siento ser tan sensible.
Sin ganas tiro de la cremallera de mi vestido, y dejo que caiga por mi torso hasta mis tobillos.
Abro el grifo de la ducha con agua caliente. El vapor se adueña del oxígeno y entro con cuidado en la ducha. Me duele todo, mojo cada parte de mi cuerpo y el golpe ha hecho que mi espalda se dañase, joder duele. La sangre seca de mi frente enrojece el agua. Sin duda esto sería la definición gráfica de mi vida.
El calor del agua se cuela por mis poros. Cierro los ojos y me siento aún dejando que el agua caiga sobre mí, dejando que se camufle con las lágrimas. Mil imágenes de recuerdos cruzan mi mente: las drogas, el alcohol, las veces que gané en aquellas carreras, las peleas... nunca debí haber cambiado, y menos para complacer al mierda de padre que tengo.
Cuando noto mi piel arrugada, salgo y me enrollo en una toalla. Entro en mi habitación y el móvil vibra sobre mi cama. Con el pelo aún húmedo llego hasta cogerlo. Es un mensaje de Liam.
"Cómo estas? anoche se te veía bien acompañada. xx"
"No estoy mal, deja tu puta irónia y métetela por donde te quepa" — tecleo y tan pronto como lo hago, me contesta.
"jajaja sí sí querida. Te vienes a la escapada de hoy? paso a recogerte en tres."
Aunque no estoy de humor, nunca viene mal una noche de alcohol, así que no rechisto. Voy hasta mi mesa de noche y saco una pequeña cajita. Saco mi antiguo piercing plateado y sonrío desganada. Lo extrañaba.
Me acerco al espejo y lo introduzco en mi lengua, para luego cerrarlo con una bolita del mismo color. Vuelvo a ser yo.
Intento relajarme acostada en mi cama, pero simplemente no puedo. Tampoco pienso comer con el cerdo de mi padre delante, puedo aguantar sin comer un día. Además, me quitó las ganas de comer.
Tras no tener nada que hacer, abro mi armario, una gama de oscuros colores se encuentran a mi antojo. Me decido por una camisa de los Ramones y unos vaqueros cortos de cintura alta, algo desgastados. Meto con monotonía una parte de la camisa por la cinturilla derecha de mi pantalón, dejando el otro holgado. Me siento en la cama y me pongo una botas militares negras. Desde mi sitio abro de nuevo la mesa noche, al fondo una bolsita transparente se delata a mis ojos. Sé que no debería, pero mi situación me supera. Agarro la bolsita y dejo la hierba sobre la superficie del mueble. Tras prepararme un par de porros los cojo y salgo hasta el jardín de casa, mientras la noche cae, esperando a Liam en lo que me encargo de terminar con el tabaco. Se siente bien.
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Reckless - nh au #1
Fiksi PenggemarRoxanna Willson, una chica que creció sin el cariño de su madre se ve obligada a ir al pueblo donde vivió su infancia y donde recobrará el deseo de cumplir su sueño. Sin embargo, los sucesos del pasado y una incógnita sin resolver harán que sus plan...
