El juego continuó con más risas y alguna que otra prenda como arrepentimiento, por haber elegido la opción equivocada. Llevaban ya mucho tiempo jugando y habían llegado a coger bastante confianza con todos para atreverse con preguntas y desafíos más interesantes.
En esta ocasión, le volvió el turno a Aoshi y giró nuevamente la botella.
—Alexia... tú dirás.
La vez anterior eligió verdad y no le fue nada mal. Pero en esta ocasión era Aoshi contra el que se enfrentaba y no estaba segura de nada. De pronto recordó sus palabras «Te recompensaré» y no supo si el momento de eso había llegado.
Sacudió la cabeza deshaciéndose de sus confusos pensamientos y, sin pensarlo demasiado, una palabra salió de sus labios:
—Reto.
Aoshi la miró fijamente con gesto benevolente.
—Te desafío a que te liberes de todo lo que te aferra. De que luches por lo que crees y de que no desperdicies todo esto —Nadie supo interpretarle, pero Alexia creía saber por dónde iba—. Cree. No dejes que se pierda lo que has encontrado. Suerte.
Alexia cerró los ojos y los puños con fuerza, absorbiendo poco a poco valor y coraje de cada una de esas palabras. Reuniendo fuerza y esperanza para acumularlas en un último y definitivo giro. Los demás se quejaron en voz alta de que aquello era un enigma indescifrable y de que no era realmente un reto, pero Aoshi hizo oídos sordos. La botella ya giraba y todos se fijaron en ella con un silencio expectante. Parecía moverse a cámara lenta y giró varias veces hasta que su velocidad fue disminuyendo y acabó por pararse.
Alexia abrió los ojos. La botella apuntaba hacia Kai. Sintió muchas ganas de volver a cerrarlos, pero se contuvo y miró a Aoshi que, con un gesto afirmativo, la impulsó y la dio valor para que cumpliera el reto que le había propuesto anteriormente.
—¿Verdad o reto? —preguntó una vez más con una voz que no hubiera creído posible tener en esos momentos: de seguridad.
—Verdad.
La hora había llegado. Solo podía hacer una pregunta y, dependiendo de esta, volverían a reconciliarse. Debía formular una pregunta muy importante...
—¿Me perdonas?
Aoshi la miró satisfecho. Había conseguido decir lo que sentía y él se alegraba de haber podido ayudarle a hacerlo. Ahora todo dependía de su hermano.
Kai se sorprendió por la pregunta. Tanto, que no sabía qué responder. Muy pocas veces se había encontrado en una situación similar y se sentía indefenso, confuso y sin saber qué hacer. Por ello se quitó el pañuelo que llevaba al cuello y lo arrojó sin decir una palabra.
Alexia observó su reacción y empezó a temblar. Instintivamente se levantó de un salto y salió de allí corriendo antes de que nadie notara lo que pasaba por su mente y que, sin poder evitarlo, se reflejaba en su cara.
Se produjo un silencio y cruces de miradas significativas por parte de todos.
—¿Se puede saber qué estás haciendo? —le reprochó Aoshi—. No te quedes ahí parado como un idiota. ¡Si tienes algo que decirle, díselo a la cara!
Kai fulminó a su hermano con la mirada y rápidamente se levantó, cogió su pañuelo y desapareció.
En el bosque, sobre un columpio, se encontraba una chica balanceándose, mientras miraba al vacío.
—Sabía que te encontraría aquí —dijo al cabo de un rato el recién llegado.
—¿Qué quieres? —respondió ella volviendo un poco en sí y mirando hacia otro lado.
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Vacaciones de verano
Teen FictionEl último curso se acaba y es hora de despedirse a lo grande de todo aquello que conoces: instituto, profesores... amigas. Por ello, seis chicas deciden hacer el viaje de sus vidas y pasar el verano juntas para crear recuerdos que poder atesorar en...