Cogieron todos los utensilios e ingredientes que necesitaban y empezaron a hervir agua en una olla sobre la vitrocerámica eléctrica. Mientras esperaban a que se calentase empezaron a hablar.
—Alex... ¿a ti no te gustaba Kai? ¿Qué vas a hacer ahora que Miyu también lo ha confesado?
—¿Quién ha dicho que a mí me guste ese chico?
—Nadie, pero... a pesar de ello... yo creía...
—Pues no —respondió mirando hacia otro lado—. Así que no hay ningún problema.
Misao se la quedó mirando pensativa durante un instante, pero giró la cabeza a un lado y a otro despejando su mente y prosiguió con lo que estaba haciendo.
—¿Crees que a Sayo le gusta Aoshi? —preguntó repentinamente Misao
—No lo sé —respondió simplemente—. La cuestión es... ¿quién le gusta a Aoshi? Si os lo tomáis en serio más os vale averiguarlo.
—Contrátame como tu manager —sugirió de pronto Misao—, así tendré más cosas en común con él.
Alexia se le quedó mirando sarcásticamente.
—¿Estarás de coña, no?
Misao agachó la cabeza desilusionada.
—Vale, ya sé que es ridículo, pero se me agotan los recursos —dijo frustrada arrojando la pasta al agua.
—¿Por qué no te subes con las demás y piensas qué ponerte? Ya me encargo yo de terminar esto —comentó Alexia.
—Está bien —aceptó lavando y secándose las manos—, procura que se queden al dente, ¿vale?
—Vete.
Alexia se quedó sola en la cocina terminando de hacer la comida, mientras Misao se dirigía hacia su habitación. Cuando llegó, se sorprendió de verla vacía y entonces se aproximó a la de enfrente. Allí estaban las cuatro discutiendo qué ponerse y qué les quedaba mejor.
—Ponte la minifalda —comentó Miyu a Riku—. Yo me la voy a poner.
—Pues yo me voy a poner los piratas —comentó Kano.
—Yo iré sólo con el pareo —dijo Sayo—. Total, la playa está ahí abajo.
—¿Y yo? —preguntó Misao llamando su atención—. ¡Ayuda!
Empezaron a sacar conjuntos, trajes de baño, pareos, ropa suelta e iban dejándolos sobre la cama. Pasó bastante tiempo así y sus tripas se lo hicieron notar.
—¡Ey! ¿Dónde está Alexia? —preguntó Riku dándose cuenta de que faltaba.
Con todo ya elegido bajaron hacia el salón y se encontraron allí a su amiga acomodada en el sofá viendo la televisión.
—¡Alex! —llamó Kano—. ¿Ya está la comida?
—Servios, la mesa está puesta en la cocina.
—¿Y tú? —preguntó Sayo.
—Yo ya he comido —dijo Alexia—. Me cansaba de esperaros. Que aproveche —añadió apagando la televisión y levantándose para subir las escaleras.
—¿Adónde vas? —inquirió Kano.
—Me toca elegir qué ponerme, ¿no?
Y tras decir eso, desapareció escaleras arriba. El resto se miraron entre sí y encogieron los hombros aproximándose a sentarse para comer.
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Vacaciones de verano
Novela JuvenilEl último curso se acaba y es hora de despedirse a lo grande de todo aquello que conoces: instituto, profesores... amigas. Por ello, seis chicas deciden hacer el viaje de sus vidas y pasar el verano juntas para crear recuerdos que poder atesorar en...