Capítulo 1 (Editado)

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Capitulo 1

Doce años de edad

Camila esperaba a Will impaciente, bajo la sombra del viejo roble en el centro del patio de juegos. Aquel árbol, enorme y rugoso, guardaba años de historias talladas en su tronco, y desde el inicio de ese año se había convertido en su punto de encuentro secreto.

Ese curso los habían separado en diferentes clases, algo que a Will le molestaba más de lo que admitía. No le gustaba estar lejos de "su chica", como solía llamarla.

Camila miraba hacia la puerta del edificio con creciente ansiedad. El recreo ya había comenzado hacía rato, y él no aparecía.

El miedo la carcomía en silencio: ¿Y si lo habían castigado? ¿Y si no lo veía hoy? El recreo era su momento favorito; todo el día escolar giraba en torno a esos minutos junto a él.

Cuando Will finalmente salió, su cara no podía ocultar el fastidio. Pero apenas la vio, su expresión cambió y corrió hacia ella.

—¡Hola! —soltó sin aliento al llegar—. Perdón por la demora... La maestra estaba corrigiendo los cuadernos en orden alfabético, empezando desde atrás.

Camila sonrió ante su cara de molestia, tenía el entrecejo fruncido y una mueca de fastidio. No era un buen día, para que tu apellido fuera Ashford.

Sacó un pequeño paquete arrugado del bolsillo de su chaqueta.

—¡Feliz cumpleaños! —exclamó, tendiéndole un alfajor de chocolate.

Se lo había comprado el día anterior, insistiendo a su madre para ir al supermercado a elegir el sabor favorito de Will.

Él sonrió, y todavía sonrojado por el beso en la mejilla que ella le había dado al saludarlo, aceptó el regalo. Aprovechó el momento para rodearla con sus brazos, estrechándola contra él.

Amaba abrazarla. Su cabello, su ropa, ella entera olía a manzana —o a "manzanita", como solía decir él cuando era más pequeño.

—Gracias, Mila—murmuró, usando su apodo de siempre.

Camila frunció la nariz en una mueca divertida, y Will, sin pensarlo, deslizó suavemente la punta de su dedo índice sobre ella. Ambos se ruborizaron al instante. No podía recordar el momento exacto, pero últimamente el contacto de Will la inquietaba. No de una mala manera, pero no se sentía igual que antes.

—¿Vamos a otro sitio? —preguntó Will, de repente, mirando el ajetreo del patio con una mueca.

Camila asintió, y él tomó su mano, aprovechando la oportunidad para entrelazar sus dedos con los de ella. Esquivando a sus compañeros que corrían de un lado a otro, cuidando de no ser vistos por las maestras, se escabulleron detrás del edificio, donde sabían que no debían ir.

Al llegar, compartieron una sonrisa cómplice y chocaron los cinco, como si fuera una victoria. Camila se dejó caer en el suelo, abrazando sus rodillas contra su pecho y apoyando la espalda en la fría pared del edificio. Will, sin embargo, parecía nervioso, evitando su mirada.

—Quería mostrarte algo... —balbuceó.

—¿Qué cosa? —insistió ella, mirando a su alrededor, intrigada.

—Solo... prométe que no te vas a enojar —pidió él, con una seriedad que era rara en él.

—No podría enojarme contigo —respondió Camila, sonriendo—. Y menos hoy, que es tu cumpleaños.

Will soltó una risita nerviosa y respiró hondo.

—Entonces... será mi regalo de cumpleaños —dijo, armándose de valor.

Camila parpadeó, sin entender bien.

Le había comprado un regalo de verdad, algo que su mamá no le había dejado traer ese día, pero que pensaba darle en la fiesta del sábado.

—Pero si ya te compré un regalo... —comenzó a protestar.

Will la interrumpió, poniendo suavemente una mano sobre sus labios.

—Este regalo va a ser diferente.

Will tragó saliva y, con una mirada fija en ella, se acercó un paso más. Cerró sus ojos y, tembloroso, rozó sus labios contra los de Camila.

Ella abrió los ojos, sorprendida, pero no se apartó. Sentía el corazón latirle fuerte, como si fuera a escaparse de su pecho.

Will se separó al instante, mirándola con el ceño fruncido, como si no estuviera seguro de lo que acababa de hacer.

—Prometiste no enojarte —murmuró, con una mezcla de miedo y esperanza.

Camila, aún sin decir nada, parpadeó, sorprendida, y luego sonrió suavemente, esa sonrisa tímida que él conocía tan bien.

—No estoy enojada —se apresuró a decir.

Sin pensarlo demasiado —ni darle tiempo a la incertidumbre—, ella fue quien acortó la distancia y, con una valentía repentina, apoyó sus labios sobre los de Will una vez más, sellando sus palabras.

El segundo beso fue igual de breve, torpe, pero cálido. Apenas un roce, pero lo dejaron a ambos sonriendo tontamente.

Cuando se separaron, Camila abrazó sus rodillas, escondiendo la cara en sus brazos. Will, a su lado, se rascó la nuca, incómodo pero feliz.

No hacía falta decir nada. Ambos sabían lo que había sucedido.

Cuando sonó el primer timbre, se levantaron juntos, todavía un poco atontados. Caminaron hacia el patio tomados de la mano, como si nada hubiera cambiado. Pero, en el fondo, todo había cambiado.

—¿Te gustó? —preguntó Will, bajito, como si temiera romper el hechizo.

Camila apretó su mano en respuesta. No necesitaba decir nada.

Él sonrió aliviado y pateó una piedrita del camino.

—¿Te gustaría... hacerlo otra vez algún día? —balbuceó, rojo hasta las orejas.

Camila soltó una risita nerviosa y, sin mirar atrás, asintió.

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Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora