Capitulo 27
Subir las escaleras fue una hazaña.
Camila lo ayudó como pudo, sujetándolo desde un costado, con el brazo de él sobre sus hombros. Will apenas podía mantenerse en pie. Cada escalón parecía dolerle el doble que el anterior, y aunque no se quejaba, ella podía sentir el temblor en sus músculos, el modo en que apretaba los dientes con cada movimiento.
—Solo un poco más —murmuró Camila, sin saber si se lo decía a él o a ella misma.
Will no respondió. Se limitó a seguir avanzando, lento pero decidido, hasta que llegaron al baño. Camila empujó la puerta con el pie y lo guió hasta el borde de la bañera.
—¿Puedes sentarte?
Él asintió, dejándose caer con cuidado en el borde, soltando un suspiro que parecía más de agotamiento que de alivio.
Camila se agachó frente a él, evaluando la camiseta hecha trizas que llevaba puesta. Estaba rasgada en varios lugares, pegada a la piel por manchas de sangre seca y barro.
—Voy a tener que sacarte esto —le dijo, intentando sonar práctica.
Will alzó una ceja.
—Siempre soñé con que me dijeras eso.
Camila rodó los ojos.
—La camiseta está medio salvable —le espetó, fingiendo molestia—. Tú no.
Intentó levantarle los brazos, pero Will se tensó de inmediato, soltando un quejido involuntario.
—Lo siento —dijo ella en voz baja—. No va a funcionar así.
Se puso de pie, salió un momento del baño y volvió con una tijera en la mano. Sin pedir permiso, comenzó a cortar la tela con cuidado, abriendo la camiseta por el pecho, sin mirar demasiado. No era por pudor. Era por lo que había debajo: moretones, rasguños, la piel marcada como si hubiera sido arrastrado por el bosque.
—Dios, Will...
—No es tan malo como parece.
—Eso ya lo dijiste —le respondió en voz baja.
Una vez libre de la camiseta, él bajó la mirada hacia sus pantalones rotos, cubiertos de barro. Camila dudó un segundo. Luego suspiró, se arrodilló otra vez y empezó a desabrocharle el botón. Will no dijo nada esta vez. Pero el silencio que se instaló fue denso, cargado. Ella trató de no pensarlo demasiado mientras lo ayudaba a sacar la tela rota de sus piernas, con cuidado de no tocar los cortes. Cuando lo dejó solo en bóxers, sus mejillas ardían.
Se incorporó de golpe.
—Bueno —dijo, limpiándose las manos en el pantalón—, creo que de aquí puedes encargarte tú solo.
Fue hasta la ducha, abrió la canilla y dejó correr el agua hasta que salió tibia. Ajustó la presión sin mirarlo.
—No tardes mucho. Te dejo una toalla en el perchero.
Will asintió, sin mirarla tampoco. Camila salió del baño con el corazón en la garganta y cerró la puerta tras de sí.
En cuanto cruzó la habitación, se apoyó contra la pared, cerró los ojos y soltó un largo suspiro. El aire le quemaba los pulmones. Su pecho subía y bajaba rápido, como si acabara de correr una maratón. Y en cierta forma, lo había hecho. Solo que emocional.
Se obligó a moverse. Fue a su cuarto y empezó a ordenar. Escondió la ropa manchada, buscó una sábana limpia para el sillón por si Will no podía dormir en la cama, borró cualquier rastro que pudiera levantar sospechas cuando su madre llegara. Sus manos se movían solas, mecánicas, mientras su mente iba a mil por hora.
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Eres Mia (Silverlake 1)
WerewolfCamila y Will compartieron su infancia. Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial. Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue. Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve. Y aunqu...
