Capitulo 25
La noche se había tragado el bosque. Solo la luna, alta y redonda, colgaba en lo alto como un ojo que lo observaba todo.
Will corría.
Sus patas golpeaban la tierra húmeda con fuerza, levantando hojas y ramas quebradas a su paso. El viento le aullaba en los oídos, agitando su pelaje oscuro como una sombra entre sombras. Hacía semanas que no se permitía esto: soltar el control, dejar que su lobo tomara las riendas. Pero lo necesitaba. Después de ver a Camila, después de sentirla tan cerca y tan lejana al mismo tiempo, había algo dentro suyo que rugía por salir.
Estaba perdiendo la paciencia. Y el control.
Sus músculos se tensaban con cada zancada. Su lobo estaba inquieto, hambriento de algo que no podía nombrar. La extrañaba. Aunque no debía, aunque se había convencido de que alejarse era lo correcto. Correr le daba la ilusión de libertad. Lo alejaba del deseo. Del dolor.
Hasta que un crujido, demasiado cercano, interrumpió su ritmo.
Will apenas alcanzó a girar cuando un cuerpo lo embistió de costado, lanzándolo contra el suelo con violencia. Rodó entre los arbustos, gruñendo, y se incorporó de inmediato con los colmillos al descubierto. Frente a él, un lobo de pelaje gris claro y ojos dorados le devolvía el gruñido, los músculos tensos, la postura de ataque.
Y antes de poder reaccionar, otro salto. Otro cuerpo.
Esta vez fue más rápido y logró esquivarlo, aunque las garras le rozaron el lomo.
Ahora eran dos. Dos lobos frente a él, rodeándolo. Coordinados. Calculadores.
Y ambos llevaban el olor de la manada Yabotí impregnado en el pelaje.
Will retrocedió un paso, el pecho subiendo y bajando con fuerza. No estaba en su territorio, pero tampoco tan lejos del límite. Y mucho menos... de la casa de Camila. Su corazón se detuvo un instante.
Estaban demasiado cerca de ella.
Y eso no podía permitírselo
Will se tensó.
El aire a su alrededor cambió. Ya no era solo un enfrentamiento territorial. No. Esto era otra cosa.
La cercanía con la casa de Camila lo hacía estar en un estado de alerta total. No podía permitir que esos lobos se acercaran más. No a ella.
Gruñó con fuerza, profunda y grave, una advertencia que vibró en su garganta y retumbó en el bosque. Luego, con un movimiento firme, se irguió sobre sus patas, ganando altura, más grande, más amenazante. El pelaje erizado, los ojos brillando con furia.
Les ladró.
Un solo ladrido seco, cortante, como una orden de alto. Pero los dos lobos frente a él no se movieron. Lo observaban, atentos, los músculos listos para el ataque. Ellos también sabían lo que estaban haciendo.
Y entonces, lo sintió. El cambio en el viento.
Un nuevo olor.
Una nueva presencia.
Desde detrás de los dos lobos, una figura emergió lentamente entre los árboles. Otro lobo, más grande que los anteriores, de pelaje oscuro, casi negro. Caminaba con una seguridad que no necesitaba mostrar fuerza. No la imponía. La encarnaba.
Will no se movió, pero su cuerpo estaba al límite.
Sabía quién era.
Y eso lo hacía todo peor.
Los gruñidos bajos de los lobos seguían resonando entre los árboles, aunque ninguno se movía. El aire estaba cargado, pesado, como si el bosque contuviera la respiración. Will los observaba con atención, su pecho subiendo y bajando con fuerza. Aquello que había comenzado como una simple carrera para liberar tensión ahora se sentía como un error grave.
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Eres Mia (Silverlake 1)
Hombres LoboCamila y Will compartieron su infancia. Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial. Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue. Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve. Y aunqu...
