Capítulo 37
Camila
—No me voy a olvidar nunca de los mellizos poseídos —dijo Carolina mientras acomodaba los vasos limpios en la estantería—. Uno le metió un codazo al otro mientras tomaba jugo y se lo escupió todo encima. ¿Te acuerdas, Tom?
—¿Cómo olvidarlo? —respondió Tom desde la cocina, asomando la cabeza por la ventana que daba al salón—. Estuvieron gritando como si hubieran visto un fantasma. ¡Y todo porque no querían compartir las papas!
—Y los padres con esa sonrisa tensa de "todo está bien", mientras el menor le pegaba patadas a la mesa —añadió Camila entre risas—. Me acuerdo que cuando terminé de limpiar, el piso todavía estaba pegajoso.
—La madre pidió disculpas cuando ya estaban en la puerta, y yo con los zapatos casi pegados al suelo —agregó Carolina—. Lo mejor fue cuando dijo que seguro volvían. "Con ganas", dijo. Como si no nos hubieran dejado un campo de batalla.
—Voy a pedir licencia ese día —bromeó Tom desde la cocina, levantando un cucharón como si fuera un arma.
Camila se rió con ellos, acomodándose el delantal mientras el restaurante permanecía en una paz inusual. Apenas habían abierto hacía media hora, y todavía no había clientes. Esa primera media hora era siempre la más tranquila. La más amable.
Se apoyó contra el mostrador y sacó el celular. Lo desbloqueó casi sin pensarlo, como por reflejo. Abrió su conversación con Will.
Había pasado casi una semana desde que lo vio. Desde que él le preparó un té, la cubrió con una manta y le dijo, muy quedo, que le gustaba estar con ella sin ruido. Ese momento todavía la acompañaba, como un susurro amable. Pero también... la descolocaba.
Después de eso, Will se había ido. Y no volvió.
Faltó un día a clase. Luego otro. Le contestaba los mensajes, pero con menos ganas. Con menos él. Y ella, que apenas había empezado a confiar otra vez, sentía cómo esa frágil construcción temblaba.
Deslizó el dedo por el teclado y escribió:
"¿Tienes ganas de ver un capítulo de Clarence esta noche? Prometo no morderte 🐶."
Sonrió apenas. El emoji era un intento de suavidad, una forma de tantear si todavía estaba todo bien.
Pasaron cinco minutos. Luego diez.
Carolina y Tom seguían hablando, ahora sobre un cliente que una vez pidió una hamburguesa sin pan y terminó haciendo un berrinche, pero Camila ya no los escuchaba del todo.
Finalmente, su celular vibró.
Una notificación. Will.
"No sé si tengo tiempo."
Eso fue todo.
Camila bajó lentamente el teléfono. La pantalla volvió a apagarse. Sintió un hueco en el pecho, como si algo se hubiera soltado dentro de ella.
Otra vez.
Era eso lo que le dolía. No el mensaje, no la sequedad. Sino el eco de una historia que se repetía. La semana pasada, ella le había hablado —aunque sin palabras directas— sobre lo difícil que le resultaba confiar. Le había mostrado partes de sí que no solía mostrar. Y ahora, ese silencio, esa distancia, era como una bofetada sorda.
—¿Todo bien? —preguntó Carolina al verla distraída.
—Sí, solo estoy un poco... en la luna —murmuró Camila, forzando una sonrisa que no convenció a nadie.
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Eres Mia (Silverlake 1)
WerewolfCamila y Will compartieron su infancia. Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial. Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue. Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve. Y aunqu...
