Capítulo 4
Se quedó congelada.
Por un segundo —o tal vez fueron diez—, Camila no supo cómo moverse. Ni siquiera respiraba. Solo lo miraba.
Will.
No una sombra, ni un recuerdo. Tampoco coincidencia caminando por la vereda de enfrente.
Era él. Sentado, tranquilo, con esa misma forma de apoyar los codos sobre la mesa. Con el mismo gesto de siempre cuando pensaba que nadie lo observaba morderse el interior del labio.
Era él.
Y la estaba mirando, el reconocimiento bañando sus facciones.
La reacción fue física. El estómago se le contrajo, como si algo dentro suyo reconociera ese rostro antes que su propia mente. Una parte de ella quería salir corriendo. Otra, acercarse. Preguntar. Gritar. Abrazarlo. Golpearlo. Todo a la vez.
No tenía sentido.
No lo veía desde que tenía catorce. Desde que dejó de responderle los mensajes sin dar ninguna explicación. Desde que se volvió un hueco en su vida que nadie más pudo llenar.
Y ahí estaba. En su lugar de trabajo. Como si los años no hubieran pasado. Como si no la hubiese roto.
Will parpadeó, y su expresión cambió. ¿Sorpresa? ¿Alivio? ¿Nerviosismo? Camila no supo descifrarlo. Tampoco quiso.
Bajó la mirada de golpe, como si eso fuera a protegerla de lo que acababa de sentir.
—¿Camila? —preguntó un compañero detrás de ella—. ¿Estás bien?
Ella asintió rápido, demasiado rápido.
—Sí... solo voy a atender la mesa del fondo.
Mentira.
No iba a acercarse. No todavía. No cuando el corazón aún latía como si acabara de correr diez cuadras.
Pero tampoco podía quedarse paralizada.
Respiró hondo.
Una. Dos veces.
Y alzó la vista otra vez.
Will seguía ahí. Esperándola.
Camila se dio media vuelta y desapareció detrás del mostrador, lo más rápido que pudo sin parecer que huía.
No podía. No ahora. No con esa mirada encima.
Por suerte, no tuvo que explicar nada.
—Yo lo atiendo —dijo Carolina, pasando junto a ella.
Camila alzó la vista y se encontró con la mirada alentadora de Carolina, su compañera.
—¿Segura?
—Sí. Te cubro. tu ve a respirar, que te pusiste blanca. —Le guiñó un ojo y se fue con la bandeja en mano, como si lo hiciera todos los días.
Camila le agradeció en silencio. No habría podido acercarse. No mientras su cabeza gritaba que era un error, que no podía estar ahí, que no tenía derecho después de tanto tiempo.
Hizo una nota mental para agradecerle a Carolina, más tarde. Ahora que lo pensaba, no quería ni saber que había visto en su rostro para salir a su rescate, sin necesitar que se lo pidiera. Tenía suerte de trabajar con ella, era muy amable y desde que empezo a trabajar los fines de semana, la había amadrinado. Por decirlo de alguna manera.
Era mayor que ella, por un puñado de años, iba a la universidad local y aunque trabajaba turnos extras siempre tenía una sonrisa en el rostro y algún comentario optimista.
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Eres Mia (Silverlake 1)
Loup-garouCamila y Will compartieron su infancia. Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial. Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue. Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve. Y aunqu...
