Capítulo 35
Camila caminaba en medias por el pasillo de su casa, arrastrando los pies sobre el piso frío. Llevaba puesto un pantalón de pijama con dibujos de gatitos dormidos y una camiseta vieja que le había robado a su tía Sol años atrás. Se había cambiado apenas llegó de la escuela; era casi una costumbre automática: si no pensaba salir más, se ponía el pijama. Así funcionaba su cabeza.
Desde la cocina, la voz de Ana sonó fuerte:
—¡Cami! ¿Quieres que compre algo en el súper mañana? ¡Revisa si falta algo!
—¡No sé, tía! ¡Compra galletas de avena, si hay!
—¿Las que tienen chispas de chocolate o las de canela?
Camila sonrió, metiéndose en su cuarto mientras buscaba una colita para atarse el cabello.
—¡Las de chispas! ¡Las otras te gustan solo a ti!
Ana respondió algo más, pero el secador de cabello comenzó a sonar desde el baño, apagando el resto de la conversación. Camila levantó los hombros, entretenida. Vivir con su tía era un pequeño caos, pero se había vuelto su lugar seguro.
Y entonces, el timbre sonó.
—¡Atiende tú, Cami! ¡Estoy con el pelo mojado! —gritó Ana desde el baño.
—¡Sí, ya voy!
Pero como de costumbre fue Ana quien llegó primero a la puerta, tenía la costumbre de pedirle que hiciera cosas y luego terminaba ella haciéndolas. Camila seguía en su cuarto, sin imaginarse quién estaba del otro lado.
Ana abrió y se encontró con una figura inesperada. Parado en el porche, con las manos en los bolsillos de la chaqueta y el cabello algo revuelto por el viento, estaba Will.
—¡Will! —exclamó, sorprendida al verlo—. ¡Vaya, hace tiempo que no te veía! No sabía que habían vuelto a quedar.
Will sonrió, algo incómodo por la sorpresa.
—Hola, Ana. Eh... más o menos
—Qué raro verte por aquí —dijo ella, aún procesando la visita—. Aunque me alegra. ¿Pasas?
—Si no es molestia...
—Claro que no. Pasa, pasa. Camila está por ahí. Enseguida le aviso.
Pero antes de que Ana pudiera llamarla, Camila bajó por el pasillo, aún sujetándose el cabello con una mano. Al ver quién estaba en la entrada, se detuvo en seco. Su cara pasó por sorpresa, confusión, y finalmente vergüenza. Estaba en pijama.
—¿Will? —preguntó, con un hilo de voz.
—Hola.
—¡No sabía que habían vuelto a verse! —intervino Ana con una sonrisa traviesa—. Me alegra que se estén hablando otra vez.
Camila le lanzó una mirada silenciosa a su tía, como pidiéndole que por favor no hiciera esto. Ana, por supuesto, hizo exactamente eso.
—¿No me estabas hablando recién? —le dijo Camila a su tía, cruzándose de brazos—. ¿Por qué no me contestaste?
—Me distrajo el invitado —respondió Ana, guiñando un ojo con picardía.
Will apenas contenía la risa. Sus labios temblaban, luchando por mantener una expresión seria.
—Bueno —dijo Ana, tomando su bolso—. Yo ya me voy. Me alegra verte, Will. Cuídense, ¿sí?
Mientras salía, le hizo un gesto a Camila. Un guiño rápido, protector, casi cómplice. Camila puso los ojos en blanco.
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Eres Mia (Silverlake 1)
WerewolfCamila y Will compartieron su infancia. Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial. Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue. Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve. Y aunqu...
