Capitulo 47 (Editado)

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Capítulo 47

Los días siguientes fueron un torbellino.

No en un sentido literal —la rutina siguió su curso: el despertador, las clases, los recreos, el almuerzo frío en la cafetería—, sino en esa forma sorda en la que los cambios internos convierten lo cotidiano en otra cosa. Camila ya no era la misma que había sido una semana atrás. Algo dentro de ella se había quebrado, sí, pero también se estaba reconstruyendo. Todo lo que creía cierto se había derrumbado como una vieja fachada, y en su lugar ahora se alzaban estructuras nuevas. Más frágiles, quizás, pero también más verdaderas.

Miraba el mundo con ojos distintos. Le asombraban detalles que antes le eran indiferentes, y le dolían cosas que antes no entendía. Sentía una mezcla extraña entre miedo y esperanza. Porque el cambio asusta, claro que sí. Pero también había encontrado calor. Había encontrado raíces.

Había recibido un mensaje de su abuela Maureen la madre de su padre. El número se lo había pasado Cameron, no sin advertirle que su abuela podía ser... insistente. No se equivocaba. La mujer no esperó a que Camila tomara la iniciativa; simplemente le escribió.

"Querida Camila,

Soy tu abuela Maureen. Sé que esto debe ser extraño, pero no podía esperar más. Cameron me dio tu número. No le digas que lo usé sin permiso, pero tenía que hablar contigo.

Hoy vi un suéter de lana que me hizo pensar en ti, aunque nunca nos hayamos visto. Estoy muy emocionada de conocerte. Espero que puedas venir a visitarnos en las vacaciones de invierno.

Te mando un abrazo grande, y espero con ansias tu visita."

Camila había leído ese mensaje más de una vez. No sabía si contestar. La idea de tener una abuela que pensara en ella, que le comprara suéteres, que le escribiera cosas así, la llenaba de una calidez inesperada. Pero también le recordaba todo lo que no había tenido.

Y al mismo tiempo, ese vacío.

Will no volvió al colegio los días inmediatamente después de todo lo ocurrido. Su ausencia era como un hueco en los pasillos, en las clases, incluso en el aire. Camila no sabía si se sentía aliviada o decepcionada. Tal vez ambas cosas.

Luego volvió. Y al igual que antes, la ignoraba. Se sentaba lejos, hablaba con sus amigos —Jeff, Noah, y por supuesto con Lía—, y no la miraba. O al menos eso quería creer. Porque había momentos en los que sí sentía su mirada clavada en ella, como una punzada sorda en la nuca. Y a pesar de todo, a pesar de todo el daño, seguía sintiendo algo. Una especie de anhelo, de herida abierta que no terminaba de cerrarse.

Los días parecían encaminarse hacia una rutina más estable. Las vacaciones de invierno se acercaban, y por un momento, Camila pensó que quizás todo se había calmado. Que ya no habría más sorpresas.

O eso creía.

Era uno de los últimos días antes del receso. El sol ya comenzaba a bajar cuando salieron de clases. El cielo tenía ese tono opaco entre el celeste y el gris, y el aire olía a tierra húmeda. Camila caminaba junto a Jules y Archie hacia el estacionamiento. Se detuvieron junto al auto de Jules, como hacían casi todos los días, decidiendo si ir por un café o simplemente volver a casa.

—¿Y entonces qué decidiste? —preguntó Jules, mientras rebuscaba las llaves en su mochila—. ¿Vas a responderle a tu abuela?

Camila no respondió. Se había quedado mirando más allá del estacionamiento. A unos metros, junto a otro coche, estaban Will, Jeff y algunos otros. Reían por algo que Camila no alcanzó a escuchar. Jeff le palmeaba la espalda a Will y este se reía abiertamente, con esa expresión que a ella le resultaba tan familiar y, al mismo tiempo, tan lejana.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora