Capitulo 5 (Editado)

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Capítulo 5

Los lunes siempre tenían una forma particular de ser crueles. El pasillo central del instituto hervía de voces, lockers que se abrían a golpes, y mochilas que chocaban sin pedir permiso. Camila, cerró la puerta de su casillero con un suave empujón justo cuando, Archie, se dejó caer contra el de al lado, como si el fin de semana no hubiera sido suficiente para recargar energías.

—¿Te vas a dormir ahí o sólo estás buscando atención? —preguntó Jules, cruzada de brazos, con una ceja alzada.

—Ambas —respondió Archie, sin abrir los ojos—. Lunes. Noche terrible. No me juzgues, rubia.

Camila sonrió, pero algo en su postura seguía tensa. Tal vez fuera el murmullo que se esparcía como electricidad estática por los pasillos, o las miradas que se dirigían insistentemente hacia la entrada principal. Cuando giró la cabeza, lo vio.

Will.

Estaba de pie junto a un grupo de chicos —su antiguo grupo— riendo como si nada. Alto, con ese cabello oscuro que le caía ligeramente sobre la frente y una expresión tranquila, casi indiferente, como si nunca se hubiera ido.

Su mente volvió, a la conversación que habían tenido el viernes por la noche. Se sentía orgullosa de sus palabras, si bien se había dejado llevar por la emoción y el fulgor del momento. No se arrepentía de nada de lo que había dicho.

Sus amigos estaban al tanto de su regreso, les había contado el sábado cuando se reunieron para comer. Se ahorró algunos detalles, que no se sentía cómoda compartiendo, pero los había advertido de su regreso.

—¿Están mirando todos a Will, o solo lo estoy imaginando? —murmuró Archie, enderezándose.

—No lo estás imaginando —dijo Jules, observando con curiosidad—. Parece una escena sacada de una película adolescente barata.

Camila tragó saliva. El estómago se le había encogido apenas lo vio. ¿Cómo podía verse tan normal, tan cómodo? De alguna manera, envidiaba su templanza.

—¿Él siempre fue tan... popular? —preguntó Jules, con una nota de escepticismo.

—Lo era —contestó Archie—. En parte porque jugaba bien al fútbol, en parte porque tenía ese aire de chico misterioso que le encanta a medio mundo.

—Y tú eras del otro medio mundo, ¿no? —replicó Jules.

Camila no dijo nada. Se limitó a cerrar su mochila con más fuerza de la necesaria.

Cuando sonó la campana final, Camila pensó que lo había esquivado por hoy. Pero el destino parecía tener otros planes.

La clase optativa de fotografía la esperaba al fondo del pasillo B. Era una de las pocas materias donde todavía se permitía algo de creatividad, y donde, por suerte, ella se sentía cómoda. Se sentó en una de las mesas del medio y dejó la mochila en el asiento vacío, mientras su vista recorría los marcos colgados en la pared: retratos en blanco y negro, escenas urbanas borrosas, y una toma dramática de una tormenta sobre la rambla.

La puerta se abrió y entraron Jeff y Will.

Camila sintió una punzada en el estómago, sutil pero punzante. No por Jeff —él le caía bien, siempre había sido amable, incluso divertido cuando quería—, sino por la figura que lo acompañaba. Will tenía esa forma de entrar como si no midiera el efecto que causaba. Más alto que la mayoría, con el cabello oscuro ligeramente revuelto y ese aire sereno, como si el mundo fuera una habitación que ya conocía.

—¡Mirá con quién estoy! —dijo Jeff, animado, mientras caminaban hacia ella.

Camila lo miró de reojo, sin sonreír del todo. Jeff se adelantó unos pasos y le dio un toque suave en el hombro, un gesto amigable, mientras Will se quedaba unos metros atrás, como si no supiera bien si acercarse o no. Lo vio sentarse en una de las mesas.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora