Capitulo 40 (Editado)

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Capítulo 40

Camila

El olor a comida impregnaba el aire, pero Camila ya no lo notaba. Había pasado tantas horas dentro del restaurante ese día que todo parecía parte de un mismo y largo suspiro. Los últimos clientes se habían ido hacía más de una hora. Las mesas estaban limpias, las sillas en su lugar. Solo quedaban ella y Tom.

—¿Quieres que cierre yo la caja? —preguntó él, mientras abría el congelador industrial con un chirrido metálico.

—No, ya está —respondió Camila, con la vista fija en la pantalla del celular—. Carolina la dejó cuadrada. Solo tengo que hacer el depósito mañana.

Tom asintió con la cabeza, metiendo varias bandejas con vegetales blanqueados en la cámara de frío. Era domingo de noche y el restaurante no abría los lunes, así que estaban terminando de guardar todo para arrancar fresco el martes.

Camila se apoyó en la barra y abrió una conversación con Jules. Dudó. Tenía varios mensajes sin contestar. Jules le había escrito la noche anterior, preguntándole cómo estaba, si habían arreglado las cosas con Will. Camila no le había respondido. No sabía cómo explicarle algo que ni siquiera ella entendía.

Finalmente escribió:

"Perdón, estuve trabajando. Estoy medio cansada. Me duele la cabeza. Capaz me estoy engripando.

Vio cómo los tres puntitos de Jules aparecían al instante. Luego desaparecieron. Y volvieron.

"¿Todo bien? Si necesitás algo, avisame. Pero te juro que me vas a contar qué pasa o te secuestro con Archie el martes."

Camila sonrió un poco, pero el gesto le duró poco. Dejó el celular boca abajo. Le latía la frente. Sentía el cuerpo pesado, como si una fiebre estuviera gestándose debajo de la piel. Otra vez esa sensación. Ya le había pasado hace unos días: el cuerpo raro, como si algo dentro estuviera desordenado. Nunca lo mencionaba. No quería sonar paranoica. Pero era real.

Soltó un suspiro y se masajeo las sienes en un vano intento por aliviar su malestar. El analgesico que había tomado más temprano parecía no haberle hecho efecto.

—¿Estás con frío? —preguntó Tom desde la cocina, mientras salía de la cámara frotándose los brazos.

—No sé si es frío —dijo ella, sacudiendo la cabeza—. Estoy como... cargada. ¿Te pasa que el cuerpo te avisa que algo anda mal?

—Sí, cuando como lo que cocina mi primo. —Tom sonrió, sin preocuparse demasiado—. Ya termino. ¿Querés que te acompañe hasta el auto?

—No, no te preocupes. Voy derecho. Si no llego a casa en diez minutos, creo que podría dormirme en una de las mesas del fondo.

Tom rió, desapareciendo una vez más en la cámara. Camila aprovechó para agarrar su bolso, la campera, apagar las luces del frente y cerrar con llave la puerta principal. Solo quedaba salir por la trasera, junto a los contenedores. Ya había hecho ese camino mil veces, pero esa noche algo se sentía distinto. El aire tenía una densidad extraña, como si estuviera cargado de electricidad.

El callejón trasero estaba oscuro. El farol del poste titilaba con intermitencia. Camila caminó hasta su auto con pasos lentos, sintiendo la humedad del suelo traspasar las suelas de sus zapatillas. El olor a pino y tierra mojada flotaba como un velo. Era una noche de esas en las que el bosque, aunque lejano, parecía más cerca. Más vivo.

Ya con la llave en la mano, estaba por abrir la puerta del coche cuando escuchó pasos.

Rápidos.

No pesados como los de Tom. Más livianos. Más... furtivos.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora