Capitulo 2 (Editado)

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Capitulo 2

Actualidad

Camila apresuró el paso, maldiciendo en silencio mientras revisaba por enésima vez la hora en su reloj. Llegaba tarde. Otra vez.

Le costaba cada vez más levantarse temprano. Y no era solo pereza: las pesadillas la despertaban cada noche, dejándola jadeante y temblorosa, incapaz de volver a dormir.

Se sentía cansada, con los ojos ardiendo, y estaba bastante segura de que unas bolsas enormes colgaban bajo ellos.

No se había mirado demasiado en el espejo esa mañana —¿para qué amargarse más?—, pero estaba segura de que su aspecto debía ser peor que el de una resaca.

Como si eso no bastara, su ropa estaba arrugada y su camiseta marfil tenía una mancha de café bien visible, regalo de su torpeza durante el camino.

Y no olvidemos; su auto seguía en el maldito taller.

Suspiró, casi tropezando mientras corría las últimas cuadras. Su mochila golpeaba contra su espalda, incómoda y pesada. Cuando llegó a la escuela, apenas podía respirar.

Afortunadamente, todavía había gente en el pasillo. No estaba tan tarde. Solo... casi.

Apoyó una mano sobre el pecho, intentando calmar los latidos desbocados de su corazón.

"Qué patético", pensó. Una mini carrera y ya se sentía al borde de la muerte. Tenía que retomar la actividad física cuanto antes, más que una señal, la falta de aire estaba siendo una alarma.

Una vez que recuperó el aliento, caminó hasta su salón de clases. Su amiga, Jules, le hacía señas desde su asiento, quitando la mochila que había usado para reservarle lugar.

Camila se dejó caer en la silla con un gemido.

— ¿Qué te pasó? —preguntó Jules, arqueando una ceja. Su rostro siempre mostraba más expresividad de la que pretendía.

— ¿Tú qué crees? —murmuró, apoyando la cabeza en la mesa—. Me quedé dormida... otra vez. Voy directo al cementerio a este ritmo.

— Tranquila, no creo que te mueras por falta de sueño —rodando los ojos, su amiga le palmeó la espalda—. Pero podrías caer en coma... sería más dramático.

Camila sonrió apenas, sin ganas. El cansancio le estaba ganando la partida.

Su madre insistía en que era normal: falta de descanso, estrés, nada grave. Le había prometido conseguirle algunas vitaminas y unas hierbas relajantes. Camila aceptó, más por rendición que por convicción.

— ¿Puedes llevarme a trabajar? —preguntó, recordando que era viernes y que estaba sin auto.

— Claro —respondió Jules, sin dudar.

Le dedicó una sonrisa agradecida.

Sacó su celular para distraerse y notó que la profesora aún no había llegado.

— Tal vez, mañana me pase a comer. Pensaba que podría ir cerca del final de tu turno y llevarte a casa. O podemos salir a alguna parte, tal vez Archie sabe de algo.

Camila parpadeó, pensando en lo que le había dicho. Sonaba bien, y era algo que hacían habitualmente. Si bien, a veces su vida social estaba limitada por los turnos como mesera los fines de semana, con Jules, habían encontrado la forma de aprovecharlos de todas formas.

La realidad es que, había aceptado el trabajo en un impulso, una amiga de su madre le mencionó que buscaban meseras en un restaurante elegante. Dos días a la semana, buen sueldo, buenas propinas.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora