Capitulo 8 (Editado)

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Capítulo 8

La campanilla sobre la puerta del restaurante sonó con su típico tintineo, dejando entrar una ráfaga de aire fresco del atardecer. Camila, con el delantal ajustado a la cintura y una libreta en mano, dejó dos vasos sobre la barra y se incorporó con naturalidad.

—Mesa cinco, Camila —avisó Carolina desde la caja, sin levantar la vista del monitor—. Dos chicos. Están bastante bien.

Camila sonrió levemente, negando con la cabeza mientras tomaba los menús.

—¿No tenías pareja, Caro?

—Sí, pero sigo teniendo ojos —respondió ella, lanzándole una mirada cómplice.

Al pasar por la cocina, Tom le hizo una seña con una cuchara en la mano.

—Recomienda la lasaña hoy. Me quedó mejor que nunca.

—¿No dijiste lo mismo la semana pasada? —replicó Camila, divertida.

—Y no me equivoqué —le guiñó un ojo mientras volvía al fuego.

Camila se acercó a la mesa cinco con su libreta en la mano, sintiendo la presión habitual del turno de la tarde pero con el gesto amable de siempre.

—Buenas tardes —saludó con una sonrisa—. ¿Qué tal, chicos? ¿Ya decidieron o quieren recomendaciones?

El rubio levantó la vista primero, con una sonrisa amplia.

—Todavía estamos pensando. Pero estamos entre la lasaña y el risotto.

—Ambos son muy buenos —comentó Camila—. Pero hoy el chef jura que su lasaña es imbatible.

—Perfecto, entonces eso —respondió el rubio.

El pelirrojo, en cambio, la miró con detenimiento. No con interés incómodo, sino con algo que se parecía más a una curiosidad cálida. Frunció apenas el ceño, como si estuviera hilando recuerdos.

—Disculpa —dijo de pronto—. No quiero sonar raro, pero... ¿Has estado alguna vez en Irlanda?

Camila arqueó las cejas, sorprendida.

—¿Yo? No. Nunca salí del país, ni siquiera del Estado, en realidad. ¿Por qué?

—Es que se me hace muy familiar tu rostro —respondió el pelirrojo—. Es raro, pero sentí que te conocía de algún lado apenas te vi.

Ella sonrió con cierta timidez, sin saber bien qué decir.

—Capaz tengo una cara común. Me pasa a veces —bromeó.

El chico soltó una pequeña risa, y luego extendió la mano hacia ella.

—Soy Cameron, por cierto.

—Camila.

—Camila —repitió él, como si saboreara el nombre. Su sonrisa se ensanchó, cálida, y bajó la mirada un segundo—. Encantado. De verdad.

—Lo mismo digo.

—Entonces —intervino el rubio—, una lasaña para mí. ¿Vos, Cam?

—La misma —respondió Cameron, con un gesto tranquilo.

—¿Algo para tomar? —preguntó Camila.

—Agua con gas para los dos —respondió él, aún con los ojos puestos en ella.

Camila asintió, dándose vuelta para ir a buscar las bebidas, y sintió una extraña calidez en el pecho. No porque él fuera atractivo —aunque lo era, en un sentido despreocupado y simpático—, sino porque había algo en su forma de hablarle, en su voz, que le resultaba... familiar. Como si ya lo conociera.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora