Capitulo 26
La noche estaba en silencio, pero en el cuarto de Camila algo no encajaba.
Se removía entre las sábanas, su respiración agitada, el rostro perlado de sudor. Sus manos se cerraban con fuerza sobre la colcha, como si intentara aferrarse a algo en medio de un sueño que no lograba controlar.
De pronto, se incorporó de golpe.
El aire le ardió en los pulmones. Su pecho subía y bajaba con violencia, y los latidos de su corazón le retumbaban en los oídos. Estaba desorientada, como si acabara de despertar de una pesadilla que ya no recordaba, pero cuyo miedo seguía presente, apretándole el pecho.
Miró a su alrededor. La oscuridad del cuarto la envolvía, pero algo... algo estaba mal.
Un sonido la hizo girar la cabeza.
Ruidos en el patio.
Un quejido. Bajo. Doloroso.
Se levantó sin pensarlo, empujada por una mezcla de nervios y curiosidad. Caminó hasta la ventana, apartó ligeramente la cortina y asomó la mirada.
Al principio no vio nada.
Y entonces, entre las sombras del jardín, lo distinguió.
Una criatura grande, encorvada, respirando con dificultad. Parecía un perro... no, un perro no. Era demasiado grande. Demasiado imponente.
Un lobo.
Un lobo enorme, cubierto de sangre, con el cuerpo maltrecho y tembloroso.
Camila retrocedió de inmediato, cerrando la cortina con un movimiento brusco. Su corazón se disparó de nuevo. Se llevó una mano a la boca para contener un grito que no terminó de salir.
Pero entonces volvió a escucharlo.
Otro quejido. Esta vez más profundo, más humano.
Con la piel erizada y los sentidos a flor de piel, volvió a asomarse.
Y lo vio.
Donde antes había estado el lobo, ahora había un cuerpo.
Humano.
El aliento se le cortó.
Sus ojos se abrieron de par en par.
Desnudo, cubierto de sangre, tendido en el césped y casi inmóvil... estaba Will.
En ese instante, el sentido común dejó de importar.
Las preguntas—¿por qué había un lobo en su patio?, ¿cómo podía haberse transformado en humano?, ¿qué clase de locura estaba viendo?—se apagaron como si alguien las hubiese borrado de su mente con una ráfaga de viento.
Lo único que quedó fue la imagen de Will. Will, herido. Will, cubierto de sangre. Will, en su jardín, temblando y vulnerable.
Y eso fue suficiente.
Ignorando el miedo, ignorando el temblor en sus piernas y cualquier instinto de autopreservación, salió corriendo de la habitación. No le importó el ruido que hizo al bajar las escaleras ni si alguien más la oía. Aunque de todas formas no había nadie más—su madre estaba en la farmacia, como todas las noches cuando le tocaba el turno nocturno.
Destrancó la puerta trasera con manos torpes y la abrió de par en par.
El aire frío le golpeó la cara, pero ni lo sintió.
Corrió hacia el cuerpo tendido en el césped. El pasto estaba húmedo y teñido con manchas oscuras de sangre. Se arrodilló junto a él, sin saber siquiera qué hacer, cómo ayudarlo, sin importar lo grotesco o imposible de la escena.
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Eres Mia (Silverlake 1)
WerewolfCamila y Will compartieron su infancia. Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial. Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue. Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve. Y aunqu...
