Capitulo 20 (Editado)

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Capitulo 20

El grupo había regresado al claro principal poco antes del mediodía. Las mesas de madera, repartidas entre los árboles, ofrecían un lugar rústico pero cómodo para sentarse a almorzar. Algunos alumnos ya estaban comiendo, otros buscaban sombra o compartían fotos en voz alta, comparando lo que habían logrado captar durante la actividad.

Camila se dejó caer en uno de los bancos, soltando un suspiro apenas audible. Había intentado todo el camino de regreso convencerse de que lo que había visto en el bosque no había sido real. Una ilusión. Un animal cualquiera. Algo sin importancia. Pero la inquietud seguía vibrando, tenue pero insistente, en el fondo de su pecho.

Will se sentó justo frente a ella, y Jeff, con su energía de siempre, ocupó el lugar a su lado. Amber, por supuesto, apareció segundos después, lanzando una mirada cargada a Camila antes de acomodarse junto a Will, como si fuera lo más natural del mundo.

—¿Viste la foto que tomé del árbol ese con las raíces retorcidas? —preguntó Jeff, sacando su cámara del bolso y girándola para mostrarle la pantalla.

—Sí —respondió Camila, obligándose a sonreír—. Quedó muy bien. Da un poco de miedo, pero... funciona para lo mágico.

—Lo sabía —dijo él, con una sonrisa orgullosa.

Will se mantuvo en silencio unos momentos, observándola. Ella sintió su mirada, pero no levantó los ojos de su sándwich. La charla continuó en torno a lo que cada grupo había encontrado. Amber hablaba con suficiencia de un "reflejo precioso" que había captado en una poza, interrumpiendo a Jeff cada vez que él intentaba contar algo.

Camila asintió y respondió lo justo. Sonreía en automático, pero su mente seguía dando vueltas a lo que había sentido más temprano. El crujido, la sombra, el tono de voz de Will... Todo parecía parte de una escena que no encajaba en el mundo real.

Cuando terminó de comer, dejó el envoltorio del sándwich a un lado y se puso de pie.

—Voy al baño —murmuró.

Nadie le prestó demasiada atención. Caminó en dirección a los sanitarios más cercanos, pero se detuvo al ver la fila que se extendía hacia afuera. Un grupo de chicas charlaba animadamente, ignorando el cartel que pedía silencio para no alterar la fauna cercana.

Camila rodó los ojos. Decidió ir a los baños que estaban un poco más alejados, cruzando un tramo de árboles y arbustos hacia una zona más despejada. Allí, las instalaciones estaban casi vacías. Apenas había un murmullo de viento entre las ramas y el lejano rumor de voces desde el claro.

Entró en uno de los cubículos. El silencio adentro era distinto: denso, casi expectante. Mientras estaba allí, escuchó un sonido tenue, como un crujido suave o un roce contra la pared exterior. No era lo suficientemente fuerte como para alarmarla... pero tampoco sonaba como algo común.

Terminó lo que estaba haciendo rápidamente, sin poder evitar que su pulso se acelerara un poco. Salió del cubículo y fue al lavabo. Abrió el grifo, se lavó las manos con movimientos nerviosos. El espejo la reflejaba con el ceño levemente fruncido, como si no reconociera del todo su propia expresión.

De pronto, sintió otro ruido. Más cercano. Una especie de golpe seco, contenido, como si alguien hubiera empujado algo metálico.

Camila apagó el grifo, tomó aire y salió del baño. Apenas cruzó la puerta, se detuvo.

Había dos personas esperándola.

Una chica de piel oscura, cabello rizado atado en una coleta alta, apoyada contra la pared con los brazos cruzados. Junto a ella, un chico alto, de complexión atlética, con una expresión demasiado relajada para alguien que simplemente esperaba su turno para el baño.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora