Capitulo 45
Will estaba ahí. De pie en la entrada, con el pecho agitado y los puños apretados a los costados. La capucha del buzo caía a su espalda, el cabello revuelto, húmedo de transpiración o quizás de ansiedad. La mirada, cargada de una mezcla de miedo y furia, se clavó en ella.
Camila no supo qué decir. Tenía una mano aún apoyada en el marco de la puerta. Lo miró en silencio, atónita por tenerlo enfrente.
Él no habló enseguida. La recorrió con la mirada de arriba abajo. Sus ojos se detuvieron en sus brazos. Ella se dio cuenta recién entonces de que llevaba puesta la parte superior del pijama, de mangas tres cuartos, y que los rasguños aún se veían. Unos más marcados que otros. Restos de la noche anterior. Del miedo. Del bosque.
Will frunció el ceño. Dio un paso hacia adelante.
—¿Estás bien? —preguntó, en un tono grave, contenido.
Camila apenas retrocedió, instintivamente, solo medio paso. Pero no fue suficiente para detenerlo. Will cruzó el umbral de la puerta en un impulso, como si su cuerpo ya no le respondiera, y antes de que ella pudiera decir nada, la abrazó.
La envolvió con ambos brazos, fuerte, apretándola contra su pecho como si necesitara comprobar con cada fibra que ella realmente estaba ahí. Camila se tensó al instante. Sus manos quedaron atrapadas entre ambos, rígidas, sin saber qué hacer. Podía sentir el corazón de Will latiendo con fuerza bajo su pecho.
—Estás bien —murmuró él contra su cabello, con la voz quebrada—. Estás viva, Dios estaba tan asustado
Ella trató de apartarse un poco, pero él no la soltó.
—Will...
—Shh... un segundo. Solo un segundo. Necesito... —respiró hondo, y su cuerpo tembló ligeramente—. No podía encontrarte. No sabía dónde estabas. Fui al restaurante... Cuando Amber dijo que se habían cruzado con los Yabotí y que estabas sola...
Se separó apenas lo justo para mirarla. Tenía las cejas fruncidas, los ojos dilatados por la angustia. Levantó una mano y la pasó por su brazo, con cuidado, observando cada rasguño, cada marca.
—¿Quién te hizo esto? —susurró. Su otra mano la rodeó por la cintura, como si temiera que ella se desvaneciera—. ¿Estás herida en otro lado?
Camila bajó la mirada, incómoda. No sabía cómo detener ese impulso protector que parecía desbordarlo por completo.
—Estoy bien, Will. Ya está — dijo sintiéndose incómoda — los rasguños son por las ramas, no por los lobos. Ni por Amber
—¿Te revisaron? ¿Fuiste al hospital? —La mano que estaba en su cintura subió por su espalda, como buscando alguna señal de daño.
Ella negó, apenas.
—No fue necesario.
—Camila... —dijo su nombre como si fuera un rezo o un clavo—. No digas que no fue necesario. Te pudieron haber lastimado de verdad. No quiero imaginar qué pudo haber pasado si...
Se interrumpió. Su mirada se oscureció.
Un sonido leve los hizo girar a ambos. El roce de una taza sobre la encimera. Nada más.
Pero Will olfateó el aire. La transformación fue inmediata. Su cuerpo, que había llegado a relajarse un poco en el abrazo, volvió a tensarse por completo. Todo su lenguaje corporal se volvió alerta, agudo.
—¿Con quién estás? —preguntó, con la voz ronca, cada palabra cargada de tensión.
Camila se giró apenas. En la cocina, detrás de ella, Cameron estaba de pie junto a la isla, con una taza de té en la mano. La observaba sin moverse, sin decir nada, como si esperara su señal.
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Eres Mia (Silverlake 1)
WerewolfCamila y Will compartieron su infancia. Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial. Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue. Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve. Y aunqu...
