Camila y Will compartieron su infancia.
Nunca pusieron nombre a lo que sentían, pero sabían que era especial.
Hasta que, de un día para otro, él la ignoró por completo. Y después, se fue.
Ahora, en el último año de preparatoria, Will vuelve.
Y aunqu...
Will cerró la puerta con un suspiro y se apoyó contra ella. La casa estaba en silencio, sumida en la penumbra, y el aire tenía ese aroma inconfundible a madera y tierra mojada. Subió las escaleras sin apuro, como si cada paso lo empujara más hondo en un laberinto de pensamientos que prefería ignorar.
Su habitación seguía igual que en la mañana: desordenada, con la ventana entreabierta y la brisa del bosque colándose sin permiso. Se quitó la chaqueta y se dejó caer en la cama sin encender la luz.
Camila.
Aún podía sentir sus labios. Ver la forma en que lo miró, entre enfadada y confundida. El sabor de la culpa se mezclaba con el recuerdo de su risa, de sus ojos grandes, demasiado sinceros. No debió haberla besado. No cuando nada estaba claro. No cuando no podía prometerle nada.
Tres golpes secos en la puerta lo sacaron de sus pensamientos.
—¿Qué quieres? —murmuró. Sabiendo que se trataba de su hermano, Alex.
La puerta se abrió sin esperar respuesta.
—¿Apenas llegas?
Will no respondió. Lo observó desde la cama, su rostro a medias oculto por la sombra.
Alex entró y cerró la puerta detrás de él, cruzando los brazos.
—¿Estuviste con ella?
Will desvió la mirada.
—¿Y a ti qué te importa?
—Porque no sabe nada. Y tú no sabes controlarte.
Will se incorporó, apoyando los codos en las rodillas.
—No la estoy involucrando en nada.
Alex dio un paso hacia él.
—¿Ah, no? ¿Y qué piensas hacer cuando empiece a hacerse preguntas? ¿Cuando descubra en lo que te convertiste?
Will apretó la mandíbula, su mirada fija en la ventana abierta.
—No voy a discutir esto contigo, nuevamente.
—Claro que no.
Will se levantó de golpe.
—¡Ya basta, Alex! Deja de querer controlar todo, a diferencia de lo que crees, no sabes nada.
—Se varias cosas, de hecho —replicó su hermano, sin alzar la voz—. Sé que no sentiste a Camila, cuando te transformaste. Y sé que sigues buscándole una explicación a eso.
El silencio que cayó entre ellos fue denso.
—No quiero verla lastimada —dijo finalmente Alex, con firmeza, pero sin agresividad—. Eso es todo.
Will bajó la mirada, los hombros tensos.
—Yo tampoco.
Alex lo observó un instante más y luego, sin decir nada, salió de la habitación.
Will se quedó de pie, solo en la oscuridad, con los latidos golpeando fuerte en su pecho. No por la pelea, sino por lo que sabía que era verdad.
Y por todo lo que todavía no entendía.
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