Capitulo 13 (Editado)

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Capitulo 13

Camila parpadeó varias veces, desorientada, antes de que el mundo volviera a tomar forma a su alrededor. El sillón rígido bajo su cuerpo, la luz tenue filtrándose por la persiana de la oficina... y el zumbido apagado de voces al otro lado de la puerta.

Se incorporó despacio, sintiendo que el mareo volvía a golpearle las sienes. Había sudado frío. Las palmas de las manos aún le temblaban.

—¿Estás segura de que puedes caminar? —preguntó en voz baja, Will.

—Estoy bien —dijo ella, más rápido de lo necesario—. Solo necesito irme a casa. Dormir.

Se puso de pie, tambaleándose un poco, y enseguida lo vio dar un paso hacia ella. No llegó a tocarla, pero fue suficiente para que su estómago se apretara.

—Te llevo —afirmó él.

Ella dudó. Su primera respuesta estaba en la punta de la lengua: "No hace falta". Pero sabía que si decía eso, Carolina o cualquier otra persona iba a ofrecerse también. Y solo quería desaparecer lo antes posible.

—Está bien —aceptó al fin, en voz baja, mientras recogía sus cosas del respaldo de la silla.

Will asintió y abrió la puerta para dejarla pasar.

El restaurante seguía lleno, aunque todo parecía más silencioso que antes. Algunas miradas se giraron hacia ella, pero Camila las ignoró. Sintió el peso de la presencia de Alex en la distancia, aunque no lo buscó con la vista. Sabía que él la estaba observando. Sabía que no le gustaba nada la forma en que Will se había movido por ella.

Una vez en el auto, el silencio se instaló entre los dos como una barrera. La ciudad pasaba en sombras por la ventanilla, y Camila cerró los ojos por un momento, esperando que el mareo no regresara.

—No te ves bien —dijo Will, con la voz controlada.

—Gracias —respondió con sarcasmo suave.

Él no replicó enseguida. Solo giró en una esquina y encendió la calefacción, al notar que ella se frotaba los brazos.

—Te desmayaste en mitad del restaurante. No fue normal.

Camila se tensó. Abrió los ojos, girando el rostro hacia él.

—Estoy cansada, Will. Dormí mal, trabajé todo el día, y cometí el error de ir a una fiesta en la que me emborraché.

—No es solo eso —murmuró.

—¿Y tú qué sabes? —lo desafió.

Will apretó el volante con los dedos. La mandíbula firme. Pero cuando habló, lo hizo en voz baja:

—Sé que algo cambió. Y lo estás ignorando.

El corazón de Camila dio un pequeño salto. No le gustaba el tono en que lo decía. Como si supiera algo que ella no.

—No empieces con eso —dijo, volviendo la vista al frente—. No quiero hablar.

—Entonces no hablemos —respondió, con un dejo de resignación en la voz—. Pero no lo ignores.

Camila no respondió. Apretó los labios y se hundió un poco en el asiento, deseando que el camino fuera más corto.

El resto del trayecto transcurrió en silencio. Camila apoyó la frente contra el vidrio frío de la ventanilla, cerrando los ojos. No dormía, pero tampoco pensaba demasiado. Solo dejaba que el zumbido del motor y la oscuridad de la noche la envolvieran por completo.

Cuando el auto se detuvo frente a su casa, no se movió enseguida. Abrió los ojos y soltó un largo suspiro antes de buscar la manija de la puerta.

—Camila —la voz de Will la detuvo antes de que pudiera bajarse.

Eres Mia (Silverlake 1)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora