Hay días en los que crees que la vida no tiene nada importante para ti,
no lo ves, hasta que te sucede.
Esta es la historia de dos chicos que se conocieron por casualidad.
Jared; amante de las palabras, fiel a la realidad.
Ophelia; sueños y fantasí...
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Esta tarde, desde mi lugar, lo único que puedo hacer es mirar el reloj que está en nuestra pared, colgado. Como desearía poder avanzar el tiempo para poder ir con Lia. Extrañamente he desarrollado una necesidad de estar con ella y no dejarla sola, la verdad es que me preocupa que algo pueda pasarle o que se meta en un problema, creo que tiene un fascinante don para atraer todos los problemas.
—Ahora que ya hemos escuchado las opiniones de todos, Tadeo y yo tenemos que hablarlo para tomar las últimas decisiones.
—El tiempo corre y aún nos faltan muchas cosas por hacer, así que por favor dejen a un lado sus problemas y concéntrense en esto— dice Montse desde su lugar, tomando la postura y rigidez que la caracteriza cuando estamos en junta.
—Y bueno, ha sido todo por hoy chicos, así que todos pueden irse menos ustedes dos— señala Tadeo a los postulantes a presidentes.
—Gracias chicos, hasta mañana— se despide Montse y junto con Tadeo, se reúnen con los otros dos chicos que parecen no estar cansados a pesar de haber estado dos horas sentados en este lugar.
Los demás, salimos bastantes agradecidos que se haya terminado nuestra reunión. Esta si es definitivamente una actividad extra que no haría de no ser por mi madre, quien aferrada por obtener créditos extra me ha sugerido ingresar a esta actividad desde que entre a la preparatoria. No es tan malo pues están mis amigos, en especial Sebastián ya que Montse toma muy en serio su papel de presidenta.
Junto con él salgo del salón y nos dirigimos a la cafetería de la escuela.
—Carajo, esos chicos pelearan a muerte por el puesto de presidente— comenta el rizado una vez que hemos tomado asiento en una de las mesas de la cafetería.
La escuela se ve mucho más grande así, ahora que los pocos alumnos están en sus clases extracurriculares. Desde aquí puedo ver a algunos estudiantes con sus uniformes de fútbol y atletismo, el único ruido que se escucha son los silbatos de los profesores cada cierto tiempo, pero está bastante tranquilo. Ojalá así fuera siempre.
Sin embargo, aunque todo está sereno, yo no lo estoy. Hasta podría decir que escucho los engranajes de mi mente; están pensado y planeando. Quiero y necesito irme, pero no puedo escaparme de aquí, conozco a Sebastián y podría comenzar con sus preguntas absurdas.
—Será una batalla épica— digo, sólo para seguir la platica.
—Mientras que eso no haga enfadar más a tu novia, todo bien.
El sonido de su voz se escucha indefenso, pero sus palabras no lo son. Trata de contener una risa cuando lo estoy mirando pero no funciona.
—¿De que hablas?— pregunto, frunciendo el ceño un poco molesto.
—¿Pues de quién más? Hablo de Montse.
—No es mi novia, idiota.
— Como sea, ha estado de un humor insoportable y tú me has dejado lidiar solo con ella— no me mira, únicamente ve su celular, como si fuera un tema sin importancia.