Hay días en los que crees que la vida no tiene nada importante para ti,
no lo ves, hasta que te sucede.
Esta es la historia de dos chicos que se conocieron por casualidad.
Jared; amante de las palabras, fiel a la realidad.
Ophelia; sueños y fantasí...
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Las piezas del juego siguen moviéndose hasta tomar el lugar que les corresponde. Continúan en busca del equilibrio para que este tablero no caiga de la mesa. Todas las piezas tratan de jugar la mejor de sus partidas hasta el momento, pero un error en falso podría ser el fin del juego. Jaque mate definitivo.
Este era un juego que inicié solo, el que deseaba acabar de la misma manera, no quería involucrar a nadie más, sin embargo, con el transcurso del tiempo se fueron uniendo más piezas a la partida. Más y más hasta que terminé separado de las personas que más me importan pero en las que menos he pensando en las últimas semanas.
Todo lo que he pasado desde que huí de casa con Ophelia han sido los días más difíciles, duros e inolvidables de toda mi vida. Sí, he sufrido pero no puedo dejar de lado todos estos momentos invaluables que me ha regalado. Ha sido tanto que parece sacado de un cuento de hadas, tan maravilloso como para ser real.
De algo estoy consiente, la felicidad no puede estar siempre presente; eventualmente tenemos que sentir tristeza, miedo o algún otro sentimiento negativo. Nuestra vida no sería cien por ciento genuina si no experimentamos todos los sentimientos.
Es parte de la vida llegar a esos momentos que nos cuestionan si realmente somos felices, si tenemos paz o si lo que estamos haciendo es lo correcto. Durante el transcurso de la mañana me lo he cuestionado, después de haber llamado más de veinte veces a mi madre sin obtener respuesta. Recuerdos de los últimos meses llegan a mi mente y por más que trato de alejarlos, se aferran a cada parte de mi cuerpo, nublándome la vista, impidiéndome ver con claridad.
Estando aquí estos días he llegado a disfrutarlos tanto que los pensamientos de inquietud no faltan. ¿Realmente me siento feliz o quiero pensar que lo soy para no sentirme culpable por todo lo que hecho? ¿Fue correcto dejarlo todo por esta chica? ¿Podré tener la vida que tenía si regreso a casa?
Sé que todos a mi alrededor me dirían una y otra vez; no sé porque lo hiciste pero en cualquier momento, incluso ahora que el remordimiento me consume nuevamente, respondería lo mismo una y otra vez; no tenía opción, lo haría incluso si tuviera que atravesar por esto un millón de veces.
Mi corazón se divide en dos, por un lado está mi familia, las personas que siempre han estado conmigo y me han dado todo. Gracias a ellos soy quien soy ahora. Y son los mismos a quienes les di la espalda y dejé ir todo por un camino incierto, desconocido, tentador.
Del otro lado tenemos a la chica que cautivó todo mi ser, quien en un par de meses logró ganarse mi confianza, admiración y corazón. Es quien ahora le he entregado todo lo que tengo y lo que no, con quien he luchando por este sueño que parece inalcanzable, como la galaxia más lejana del universo.
Sé que lo que hice estuvo mal, quizá no fue la manera correcta de actuar pero no veía otra salida. Ninguna se adaptaba a nuestros planes. Era la única opción, ¿verdad?