Hay días en los que crees que la vida no tiene nada importante para ti,
no lo ves, hasta que te sucede.
Esta es la historia de dos chicos que se conocieron por casualidad.
Jared; amante de las palabras, fiel a la realidad.
Ophelia; sueños y fantasí...
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Capítulo Final
Mi cabello ondea de un lado a otro al ritmo de la brisa fresca de esta madrugada, es serena y reconfortante, el calor me abraza y se siente como si estuviéramos en pleno verano.
Un eterno verano, como aquel en que Ophelia y yo solíamos estar. Sin tantas preocupaciones, con muchas palabras por aprender y concursos a los que asistir. Reuniones con mis compañeros, en aquellas tardes que lo único que importaba era quien ganaría el debate del día, si Rosa o Cris, donde las risas no faltaban y las burlas reinaban.
La estación eterna donde las preocupaciones eran pocas y las risas eran muchas. Ojalá pudiéramos volver al verano donde todo era más fácil, sencillo, normal. Pero sin duda me siento más tranquilo aunque el cuerpo sigue pesándome pero poco a poco todo va disminuyendo. Haber pensado las cosas con calma me ha relajado un poco, algo me dice que las cosas marcharán bien. Tal vez la suerte esté de nuestro lado.
He llegado a la casa, hay algunas luces prendidas pero la obscuridad predomina el lugar. Todavía no estoy listo, no entro. Me quedo un rato mirando el cielo y las estrellas. Donde vivía no se podían observar a detalle por las luces de los edificios y la contaminación que con el paso del tiempo va en aumento.
Otro pequeño tesoro he podido guardar el día de hoy. Con estos pequeños detalles, la vida me demuestra que después de todo, no es tan mala como creo. Me hace valorar cada instante, sé que no es en vano todo lo que he hecho.
Estoy aquí por una razón y esa es asegurarme que Lia este bien, de regreso con su familia. Tenemos que actuar, el tiempo camina y no espera.
Antes de entrar, decido hacer algunas llamadas que serán fundamentales para esta parte del plan, la última. Busco entre mis contactos a mi más reciente amiga y llamo.
—Hola, Josephine, perdona que te moleste, ¿será buen momento para hablar?— Hablo, una vez que ha contestado la llamada.
No habíamos conversado desde la última vez que ellos estuvieron aquí, recuerdo que se fueron ese mismo día por un problema de su amiga Ludmila. Si cierro los ojos aun puedo ver la expresión de Josephine al recibir la llamada de quien le dijo lo que había sucedido.
—Hey, descuida, está bien— responde, con un tono más tranquilo que la última vez, lo cual me tranquiliza.
—¿Todo bien con Ludmila? Perdón que me meta pero la última vez... — me detengo, ni siquiera se como terminar la oración.
—Gracias por preocuparte Jared— dice, casi puedo verla con una sonrisa ladeada y ojos esperanzados —. Y sobre Lu, bueno ella ahora está en un lugar mejor.
El silencio se hace presente entre las dos líneas, sus palabras me dejan petrificado por breves instantes. No sé como debería tomar las palabras de Jo, se prestan para diversas interpretaciones, unas peores que otras. A esto agregándole lo que escuché la vez pasada de la videollamada, hacen que mi imaginación vuele pensando en el peor de los casos.