031 Ensimismado

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 Emma sin duda ha sido el ángel guardián que nos enviaron los dioses viajeros, sin ella no tengo idea en donde estaríamos o incluso si hubiéramos salido de la capital

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 Emma sin duda ha sido el ángel guardián que nos enviaron los dioses viajeros, sin ella no tengo idea en donde estaríamos o incluso si hubiéramos salido de la capital. Ha sabido como guiarnos y darnos buenos consejos para nuestra travesía.

Uno que sin duda he valorado más, ha sido el viajen de noche, eso les dará muchos beneficios. Vaya que si, nos ha ayudado a disminuir gastos, ya que no tenemos que pagar ningún lugar donde dormir, unos asientos de autobús no son tan incómodos como imaginé. Igual aprovechamos la noche para transportarnos y al día siguiente, que ya hemos descansado podemos usar el día para otras cosas como; ganar más dinero.

El señor Santiago también nos ayudó a llegar a nuestro siguiente destino, nos llevó hasta una parada de autobuses donde no tuvimos que mostrar la identificación, únicamente pagamos al conductor y listo. Ojalá todos los lugares fueran así, sería mucho más sencillo para nosotros pero entiendo que es una medida de seguridad.

Gracias a tantas personas que se han cruzado en nuestro camino ahora estamos aquí, sin su ayuda no estaríamos parados enfrente de una pequeña recepción esperando nuestra nueva habitación. Me gustaría que supieran lo agradecidos que estamos con todos ellos.

—Su habitación es álamo, sólo hay otros dos chicos con quienes tendrán que compartir— dice la señorita Hilda, quien anteriormente se había presentado con nosotros, me extiende la llave de nuestra nueva habitación.

—No hay problema— me dirijo hacia ella.

Hablamos con Emma durante el camino hacia acá y nos recomendó este lugar. Ella vino hace unos años, los locales le dijeron que este era un excelente hogar si querías ahorrar. Y como la palabra ahorrar se ha vuelvo la más utilizada para mí en este viaje, no pudimos dejarlo pasar.

Lo barato de este lugar se debe a que, básicamente este es el hogar de una mujer de setenta años que vive junto con su hija y pareja. La casa no es tan grande como el lugar de Betty pero si cuenta con muchas habitaciones compartidas las cuales llevan el nombre de algún tipo de árbol y está ubicada a las afueras de la ciudad, lo que hace que el precio del hospedaje baje mucho.

Con la llave en mi mano, mi mochila en la espada y Lia a mi lado, caminamos por el largo pasillo, donde debe estar nuestra habitación. No tiene segundo piso, todo está en una sola planta, lo que hace que este lugar parezca interminable.

Desde que bajamos del autobús y durante el camino que hicimos hasta acá, pude notar a Lia un poco seria. He pensado que quizá, por tantos viajes en tan poco tiempo se ha cansado o estresado. O tal vez el haber estado tanto tiempo conmigo, la ha llegado a incomodar.

Sea cual sea su motivo decido darle espacio para no sofocarla, será lo mejor. Probablemente sólo sea pasajero y en un par de horas será la chica de antes. En silencio nos dirigimos hacia nuestra habitación, mientras que afuera del lugar puedo escuchar las risas de los niños divirtiéndose junto a sus padres, el trinar de las aves mezclarse con el sonido de los árboles moverse por el viento. De los lugares en donde nos hemos quedado hasta ahora, creo que no han sido tan bonitos como este, quizá tal vez, el lugar de Betty.

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