020 Arrebol

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 Se detienen en medio del pasillo, algunos alumnos del equipo de atletismo pasan cerca de ellas pero no planean moverse

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 Se detienen en medio del pasillo, algunos alumnos del equipo de atletismo pasan cerca de ellas pero no planean moverse. Yo tampoco, aunque quisiera moverme no puedo hacerlo. ¿De dónde saco la fuerza que, sin decir nada se ha esfumado? ¿Cómo seré capaz de ver a mi madre a los ojos y decirle toda la verdad?

Por primera vez en mi vida siento un pánico auténtico, ese que te deja sin aliento y te provoca ganas de llorar. El picor en las manos y el cuello. Cuando sientes que no puedes respirar, cuando tu tiempo está contado...

Como si la vida me odiara aún más, veo a mi madre y Montse caminar a mi dirección. Su trayecto hasta mi está durando una eternidad, no puedo hacer nada más que esperar hasta que me alcancen y comenzar con la pesadilla. ¿Será qué el sueño que tuve ayer fue un presagio de lo que sucedería hoy?

Todo parece indicar que sí.

—Me saludas a tu mami, espero que vayan a la casa pronto— dice mamá una vez que están lo suficientemente cerca para escucharlas.

—Claro Mildred, iremos pronto— sonríe Montse.

¿No han hablado de Lia? ¿No hemos perdido? Escuchar eso hace que mis pies comiencen a obedecerme. Me acerco un poco a ellas, creo que no ha pasado nada que nos quite del tablero de juego. Pero tan rápido como siento nuevamente el aire correr por mis pulmones, este se esfuma dejando el rastro de una risita burlona.

—Oh espero que Lia se recupere pronto —dice Montse.

Todo pasa tan rápido que no puedo procesarlo.

—¿Jared ya te comentó? Leáne, pobrecita... sigue mal, por eso he venido.

—¿Leáne?

¿Sigue mal? ¿Acaso ha empeorado? Con eso en mente camino hasta donde están ellas, trato de evitar que el pánico me bloquee, pero no creo ser bueno manejándolo.

—Mamá, vámonos— trato de jalarla del brazo pero es tan terca como yo y se zafa mi agarre.

—¿Qué te ocurre Jared?

—Nada, nada— vuelvo a tomarla del brazo para alejarla de Montse y del colegio, lo más rápido posible —. Montse ya tiene que volver a la junta, yo te acompaño.

—Todavía faltan diez minutos— escucho que habla mi amiga detrás de mi.

—¿Ves? Puede acompañarnos con la Sra. Zaragoza.

—Mam...

—¿La Sra. Zaragoza?— interrumpe.

No Montserrat, no hables.

—Sí, la señora encargada del departamento de intercambios— nuevamente mi madre se zafa de mi agarre —. Necesito saber si Leáne tiene un seguro médico, supongo que sí, al venir de Francia...

¿Sería bueno huir ahora?

Mi madre ha cesado sus palabras, no estoy viendo a ninguna de las dos pero puedo deducir que es por la mirada de Montse, que no sabe de lo qué le está hablando mi madre.

Agridulces PalabrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora