Capítulo 18

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CHOQUE

—Schmidt debería estar en un manicomio —dijo el coronel—, se cree Dios y quiere acabar con medio mundo para probarlo, empezando con estados unidos.

Había una reunión con todos los miembros importantes del S.S.R. o en su defecto, que pudieran servir de ayuda.

—Schmidt cuenta con poderes que superan nuestra capacidad —decía Howard mientras iba llegando y se sentaba en la silla de al lado a la de Steve—. Si cruza el Atlántico, acabará con toda la costa este en una hora.

El traje color gris pálido que portaba Howard combinaba a la perfección con su anillo.

Y no fue hasta ese momento, en el que Steve dejó en la mesa la hoja que estaba leyendo, en que todos se pudieron dar cuenta que el Capitán y Stark llevaban exactamente el mismo anillo, en el dedo anular izquierdo.

Todos empezaron a sospechar lo obvio en ese instante.

Para algunos estaba más que claro, los roces que esos dos tenían en el trabajo eran totalmente delatadores. Pero otros si que no se lo esperaban, tal vez su imaginación era la que los estaba traicionando.

Unos cuantos se lo tomaron de lo más normal, a otros les dio igual, a algunos más no les pareció bien pero respetaban su decisión, pero la gran mayoría los miró mal.

Lo cierto es que a nadie les dejó indiferente el par de joyas.

Steve y Howard se dieron cuenta de que todas las miradas estaban posadas en sus anillos.

Al coronel le disgutó la situación ¡Por Dios, estaban en algo serio! No perdiendo el tiempo entrometiéndose en la vida privada de los demás.

—Si ya terminaron, caballeros, de observar los anillos del Capitán y de Stark, les agradecería que se concentraran en el trabajo.

Las palabras del coronel habían salido con molestia.

A la pareja les cruzó por la mente el mismo pensamiento: que si había alguien que no había notado sus anillos –y por consiguiente, su relación– entonces con ese comentario del coronel los habían visto.

Howard sabía que nadie los iba a juzgar, al menos no en voz alta y delante de ellos, porque ¡Maldición eran el Capitán América y Howard Stark! Nadie se iba a atrever a decirles algo.

Tal vez Steve tuvo el mismo pensamiento, porque pudo sentir como la mano derecha del rubio se deslizaba suavemente por la mesa hasta llegar a su mano izquierda, en señal de que quería entrelazar sus dedos con los de Howard.

Este último se sorprendió con la acción de Steve, creyó que el primero en tomar la iniciativa iba a ser él, pero aún así aceptó gustoso el contacto.

Y ahí estaban ellos, con los dedos de las manos entrelazados, en su primera muestra de afecto en público, siendo observados por muchas personas, confirmando silenciosamente todas las sospechas de los demás.

Dios, se sentía maravilloso.

—¿Cuánto tiempo nos queda? —preguntó un hombre del equipo de Steve, siendo el primero en despegar su vista de la pareja y volver a enfocarse en el trabajo.

—Según mi nuevo amigo, menos de veinticuatro horas —respondió el coronel.

—¿Dónde está ahora?

—Su última base está aquí —Señaló un punto en una fotografía—, en los Alpes. Ciento cincuenta metros bajo la superficie.

—¿Y entonces qué hacemos? —preguntó otro de los presentes— No podemos llegar y tocar a su puerta, ¿No?

Un Stark | Stoward - StonyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora