Capítulo 36

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HERIDA

Y así transcurrían las semanas, sin muchas novedades y todo en calma en la torre Stark. Tony iba a la empresa, se quejaba del trabajo, Steve cocinaba, veían películas, hablaban hasta bien entrada la tarde, y a veces dormían juntos.

Todo en calma. Hasta que un día llegaron ambos a la torre luego de haber ido a comprar helado de mango en la nueva heladería de la esquina. Les había encantado el sabor, así que compraron, además, un tarro grande para tener en el refrigerador.

Al salir del elevador, las risas que venían compartiendo se silenciaron al ver a un hombre de espaldas a ellos, mirando por el ventanal.

—Ay no, y yo que creía que sería un día tranquilo —decía Tony, tirándose al sofá.

—Creeme que tampoco estaría aquí si no fuera necesario, Stark. No es como si quisiera verte el rostro.

—Director Fury —saludó Steve, extendiendole la mano—. Qué gusto verlo por aquí.

—J.A.R.V.I.S., si sigues dejando que este hombre entre a mi casa, te voy a apagar —amenazó Tony.

—Señor, el director Fury no representa una amenaza.

—La representa para mí buen humor.

Steve rió mientras iba al refrigerador a dejar el tarro de helado que habían comprado.

—Los necesito para una misión en Nueva Jersey. Un grupo terrorista consiguió misiles de largo alcance y no podemos dejar que anden por ahí con ellos, paseándose como si nada.

—Espera —interrumpió Tony—. Tal vez debo lavar mis oídos porque creí escuchar que dijiste “los necesito”.

Fury hizo una mueca de aburrimiento.

—Si, Stark, los necesito a ambos.

Tony se echó a reír al escuchar esas palabras, la situación verdaderamente le divertía.

—¿Tú? ¿Me necesitas a mi? Dios esto si que es inesperado, porque creí escucharte decir que yo no era apto para trabajar en tu tonta agencia por noseque cosas que inventaron sobre mi.

—No te lo pediría si no fueras el hombre que más conoce de armamento de todos los que tengo a mi disposición. Solo irás por si las cosas se complican y deciden activar algún misil o cualquier otro tipo de arma que tengan.

Tony continuó riendo. Sí claro “a su disposición” ¿Quién se creía ese tipo? Volteó a ver a Steve, quien también tenía una sonrisa divertida.

—Claro, iremos —dijo el rubio—. ¿Cuándo es?

Stark frunció el entrecejo.

—No recuerdo haber aceptado.

—Oh, Tony, vamos. Sabes que quieres ir. ¿O prefieres quedarte aquí y morir de hambre?

El castaño no dijo nada, solo rodó los ojos.

—Muy bien. Esta noche partirán en el Quinjet. Espero que no te importe que lo aterricen en tu pista, Stark.

Luego de estas palabras, Fury se fue por el elevador, sin esperar respuesta alguna.

—Ese piratita me pone de los nervios —decía el castaño mientras se llevaba una cucharada de helado a la boca.

Steve estuvo el resto del día emocionado por tener una nueva misión. En especial porque esta vez iría con Tony, lo que le hacía estar aún más entusiasmado.

Un Stark | Stoward - StonyHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora