13. Borrando recuerdos

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Marco se quedó plantado en el mismo lugar donde lo dejó Sofía. Su sentimiento de aturdimiento era tanto que Lorena misma tuvo problemas para moverse de su lugar.

—¿Es eso posible? —preguntó Lorena al chico agarrándolo el brazo.

—No... no lo sé —tartamudeó Marco recuperando un poco el sentido, pero sin quitar la mirada del lugar por dónde se había marchado Sofía—. Nunca he oído hablar de algo como eso. El aura es una parte indisoluble del ser humano. No hay... no debería haber persona sin aura.

—Tal vez el don de Sofía falló —sugirió Lorena pensando lo más que le permitía la incredulidad que seguía recibiendo de Marco.

—Sería la primera vez —contestó Marco volteando la cabeza hacia Gabriel, el cual seguía al pie del árbol pero viéndolos a ambos.

—Dicen que siempre hay una primera vez —opinó la joven.

—No, no pudo haber sido eso —contradijo el muchacho fijando su mirada en su amigo—. El problema fue Gabriel. Pude sentir claramente el don saliendo de Sofía, no había diferencia alguna con respecto a cuando aplicó su don sobre ti y los demás. En cambio con Gabriel... Hay algo extraño en él. El don no logró actuar sobre él al igual que en ustedes.

Lorena asimiló la información que estaba recibiendo. Así que había otra cosa extraña en cuanto a Gabriel además de lo que ya sabía. Era extraño pensar que su amigo era todavía más raro de lo que había pensado.

—Sigue siendo nuestro amigo —afirmó Lorena con decisión a pesar de sus pensamientos.

Marco se quedó callado. El sentimiento de ruptura en su interior iba creciendo.

—¿En qué estás pensando? —le interrogó Lorena incrédulamente.

—Sofía tiene razón —contestó Marco—. Una anomalía así no debería existir. Podría ser peligroso. No puedo continuar a su lado.

—¿Qué les sucede? —les gritó Gabriel poniéndose de pie y dirigiéndose hacia ellos—. ¿Me van a explicar qué está sucediendo?

—Ven, Gabriel —le dijo Lorena conteniendo la rabia que sentía dentro de sí.

Tomó al chico del brazo y se lo llevó por otro lado al interior de la casa. Gabriel la siguió sin poner demasiada resistencia, así que Lorena tardó un momento en percatarse de algo de lo que seguramente se tendría que haber dado cuenta hacía mucho tiempo. Se detuvo bruscamente y volteó a ver a su amigo. Su cara denotaba una total confusión. Pero no había nada más.

—¿Qué sucede, Lorena? —le preguntó Gabriel ladeando la cabeza.

Lorena intentó concentrarse en el lugar donde se encontraba su amigo, pero no hallaba ningún sentimiento en aquel lugar. Intentó recordar alguna vez en que hubiera sentido los sentimientos de Gabriel, pero notó que no podía hacerlo. Nunca lo había advertido porque le parecía que los sentimientos del muchacho se reflejaban con bastante facilidad en su rostro, pero no recordaba haberlos compartido como lo hacía con los demás gracias a su don. Solo había un par de ocasiones que recordaba a medias, pero en aquellas ocasiones Gabriel había estado tan feliz que Lorena sospechaba que bien podría ser que hubiera compartido los sentimientos de Gabriel no por su don, sino por el simple hecho de ser amigos.

—¿Qué pasa, Lorena? —le preguntó nuevamente Gabriel—. ¿Por qué me sacaste del jardín así? ¿Quién era esa mujer? ¿Por qué Marco puso esa cara después de que ella se fue?

La chica no sabía qué contestar a su amigo. Incluso sin ayuda de su don se había dado cuenta de lo mucho que le emocionaba la idea de manipular su aura. ¿Qué pasaría cuando le dijera que él no tenía oportunidad de manejar el aura puesto que no tenía aura propia?

Libro RojoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora