Lorena tocó el timbre. Esperaba ver el rostro de Marco o Gabriel abriendo la puerta, pero ciertamente no esperaba encontrarse con Octavio.
—¡Hola, Lorena! —la saludó el hombre.
—Buenos días —dijo la chica mientras pasaba al interior—. No esperaba encontrarlo aquí.
—¿Qué dijimos del usted? —le recordó Octavio frunciendo el ceño, aunque Lorena podía sentir claramente que no había enojo dentro del hombre.
—Lo siento —se disculpó de todos modos la chica—. No esperaba verte aquí hoy.
—Decidí tomarme el día —le contestó Octavio tranquilamente—. Recoger el tiradero de la fiesta me dejó realmente molido.
—Supongo que tuvo que ser bastante trabajo —opinó la chica mientras veía las habitaciones por las que iba pasando. Todas habían vuelto a la normalidad.
—¡Ah! Marco me ayudó —confesó Octavio—. En realidad yo no hice casi nada. Pero es bueno tener una excusa para tomarse el día libre, ¿no crees?
Lorena no estaba totalmente de acuerdo con aquella idea, pero decidió no comentárselo a Octavio. Además, en aquel momento justo un grito la distrajo.
—¿Te encuentras bien? —oyó decir la voz de Marco mientras entraba en el jardín.
—Creo que sí —contestó Gabriel algo aturdido—. Esto es más difícil de lo que creí.
Lorena llegó al lugar donde se encontraban los chicos. Gabriel se encontraba en el suelo, mientras que Marco se encontraba justamente de pie frente a él. Ambos vestían los trajes blancos de las artes marciales.
—¿Seguro que estás bien? —inquirió Marco colocándole una mano sobre el hombro a Gabriel y agachándose de tal manera que los rostros de ambos quedaron solo a un palmo de distancia.
—Sí, por supuesto —contestó Gabriel con su rostro comenzando a ruborizarse.
—Ejem —fingió Lorena para remarcar su presencia.
—¡Lorena! —exclamó Marco dándose la vuelta hacia ella con una sonrisa.
El otro chico aprovechó ese momento para mover su pierna y con ella jalar uno de los pies de Marco. El joven maestro Alejandrino perdió el equilibrio y cayó al suelo.
—¡Lo logré! —exclamó muy satisfecho de sí Gabriel—. Finalmente logré ser yo quien te tirara al suelo.
—Me agarraste distraído —repuso Marco.
—¿No es eso lo que tengo que hacer cuando me enfrente a un enemigo real? —cuestionó Gabriel poniéndose de pie—. ¿Aprovechar los momentos en los que se encuentre distraído?
—Bueno, supongo que tienes razón —opinó Marco dedicándole una gran sonrisa a Gabriel.
Lorena sintió que algo en su pecho se inflaba contemplando aquella sonrisa. Aquello le hizo recordar la sensación que habían experimentado antes de que partieran el pastel en la fiesta de Marco y realmente se sentía mal al hacerlo. Porque a ella no le gustaba Marco. ¿O sí?
—¿Qué hay, Lorena? —le preguntó Marco a manera de saludo mientras se ponía de pie y luego le extendía la mano.
—No mucho —le respondió Lorena besándolo en la mejilla a modo de saludo.
—¿Creen que los demás tarden mucho? —inquirió Gabriel.
—Espero que sí —le respondió Marco sonriendo de manera cómplice—, porque ambos necesitamos una buena ducha. ¿Vamos arriba?
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Libro Rojo
FantasyPrimera parte de la serie Energía Áurica. Cinco chicos estudian la preparatoria sin sospechar que están a punto de enfrentarse a algo más grande y peligroso que los exámenes. Cuando Lorena, Gabriel, Vanya, José Luis y Adriana conocen a Marco, sus vi...
