—¡Estoy muerto!
Lorena miró a su amigo acostado sobre el pasto y supo que aquella era una expresión casi literal. Gabriel lucía exhausto, a punto de caer dormido, cosa que nunca había hecho estando en la escuela.
—¿Pues qué le pusiste a hacer? —inquirió José Luis a Marco.
—Digamos que el entrenamiento el día de hoy fue más duro de lo normal —contestó Marco—. Creo que lo sobreestimé.
—¡No hablen tan fuerte! —les pidió Gabriel con la voz muerta.
Lorena sintió el arrepentimiento de Marco bastante fuerte mientras el chico se mordía el labio inferior.
—Lo hecho está hecho —le dijo la joven intentando animarlo—. Afortunadamente ya terminamos el trabajo de Filosofía y no tenemos nada más que hacer hasta que comience la clase de Biología.
—Si es que se puede considerar clase con esa maestra —opinó Adriana poniendo los ojos en blanco.
—Deberías irte a tu casa, Gabi —le dijo Chelis—. Ya no hay nada que hacer.
—Después de descansar un rato —respondió Gabriel medio dormido.
—¿Y mientras qué hacemos? —preguntó Adriana.
—Tú podrías practicar la relajación —le indicó Marco seriamente.
Adriana se sonrojó con aquello. Lorena supo que a su amiga le hubiera gustado contestarle algo feo a Marco, pero en el fondo ella sabía que el chico tenía razón. José Luis, Vanya y Lorena ya se habían adelantado en buena medida para realizar encantamientos.
—La escuela está muy vacía, ¿no les parece? —preguntó Vanya mirando alrededor.
Lorena también miró en torno a ellos y tuvo que reconocer que su amiga tenía razón. No había nadie en el lugar donde se encontraban ellos e incluso en los salones y en la biblioteca no habían visto un gran número de personas.
Gabriel murmuró unas palabras inteligibles seguramente como respuesta al comentario de Vanya, pero ninguno de los otros intentó averiguar qué había dicho.
—Debes considerar que mañana empieza el puente —le recordó Marco a la muchacha mirando de reojo a Gabriel, quien parecía hallarse ya a mitad del viaje hacia el mundo de los sueños—. Supongo que muchos de nuestros compañeros decidieron tomárselo desde hoy.
—Así como nuestros profesores —comentó Chelis—. Mira que la de Biología está loca de remate. ¡Vamos, que es la última hora del día! ¿Qué le costaba dárnoslo?
—Por cierto, Vanya, ¿qué pasó con Sebastián? —preguntó Adriana pícaramente.
—¿Quién es Sebastián? —inquirió interesado Marco.
—Un chico que Vanya conoció en el centro —respondió José Luis en lugar de la aludida—. Una atracción mágica y llena de romance.
—¿Mágica? —gritó Marco originando que Gabriel se removiera en su lugar.
—No esa clase de magia —repuso Lorena molesta—. ¿Por qué los hombres siempre creen que hay algo malo en los chicos en los cuales se fijan sus amigas?
—¡Ya lo dijiste tú, Lore! —expresó Adriana—. Son puros celos.
Ante aquello Lorena sintió el dolor que brotó del pecho de Marco. La chica no pudo hacer menos que mirarlo fijamente.
—Supongo que ya te diste cuenta —comentó el joven desviando la mirada.
—¿Por qué te dolió tanto ese comentario? —preguntó Lorena.
ESTÁS LEYENDO
Libro Rojo
FantasyPrimera parte de la serie Energía Áurica. Cinco chicos estudian la preparatoria sin sospechar que están a punto de enfrentarse a algo más grande y peligroso que los exámenes. Cuando Lorena, Gabriel, Vanya, José Luis y Adriana conocen a Marco, sus vi...
