—¿Eso les preocupa? —inquirió Gabriel alzando las cejas.
Ante aquellas palabras sus cuatro amigos miraron incrédulos al chico. Lorena acababa de comentarles lo que había sucedido momentos atrás en el jardín, con lo cual había logrado preocupar a todos ante la perspectiva de que solo los exalumnos de Marco pelearan contra Belial. Después de todo, la muchacha había enfatizado que aquello probablemente les causaría bajas importantes. Sí, aquello era sumamente inquietante para todos los chicos, excepto al parecer para Gabriel.
—Sí, ya sabía que a Gabriel no le interesaban nuestras vidas —comentó Chelis sarcásticamente—. Es una suerte que no lo haya puesto en mi testamento o ahora tendría que modificarlo. Y no sé si podría estar listo antes de la batalla.
—¡Ja, ja, ja! ¡Qué chistoso! —exclamó Gabriel también con sarcasmo.
—El chistoso pareces ser tú —expresó Lorena molesta—. Por supuesto que nos preocupa la idea de que alguno de nosotros muera.
—Es que no entiendo por qué les preocupa la idea de la muerte —explicó Gabriel poniendo los ojos en blanco—. Digo: ¡son ustedes! Son los chicos que Marco afirma que si se pudieran fundir en uno, el resultado sería el Alejandrino perfecto. Más allá de eso, ¡son los chicos que son capaces de llevar a cabo una convergencia sin que les explote en la cara! Ninguno de los Carneros tendrá oportunidad contra ustedes.
Los otro cuatro jóvenes se miraron los unos a los otros sintiéndose repentinamente esperanzados. Después de todo Gabriel tenía razón, ¿no? ¿Cuántos Carneros había que pudieran realizar una convergencia? ¿Cuántos de sus enemigos podrían trabajar tan bien en equipo como lo hacían ellos?
—¿Lo ven? —les preguntó Gabriel sonriendo—. En todo caso yo soy el que debería estar preocupado.
—No dejaremos que te pase nada —le aseguró Vanya tomándolo de la mano—. Puedes apostarlo.
—¡Gracias, Vanya! —respondió el joven Costa felizmente—. Pero hasta eso no me siento preocupado. Más bien me siento emocionado.
—¿Emocionado? —preguntó confundida Adriana.
—No estoy seguro, pero creo que es por enfrentarme a Belial —respondió Gabriel.
Aquella respuesta originó que todos los amigos del muchacho se le quedaron viendo de manera incrédula. ¿Había enloquecido o de qué demonios estaba hablando? ¿Cómo iba a estar emocionado ante la idea de enfrentarse a un poderoso Neuma sin tener la menor chispa de energía áurica para defenderse?
—A ver si puedo explicarme —dijo el joven al ver la mirada que le dirigían sus amigos—. No me emociona la idea de enfrentarme con él, sino más bien lo que me tiene emocionado es el hecho de que me hayan confiado una misión como esa. Me siento... importante, por decirlo de alguna manera. A nadie más le confiaron una misión como esa.
—Pero es sumamente peligrosa —expresó preocupada Lorena.
—Lo sé, por eso tendré cuidado —les prometió Gabriel a sus amigos—. Sin embargo, no negarán que soy la mejor opción para enfrentarme a Belial.
—Ninguno de nosotros lo niega —le respondió José Luis seriamente—. Pero no se te ocurra pedirnos que no nos preocupemos. ¿De acuerdo?
—Pero que solo sea un poco —les pidió Gabriel en un tono un tanto bromista—. Seré demasiado rápido como para que Belial pueda hacerme algo con magia. Se los prometo. Ya me vieron una vez enfrentarme a Felipe y a Alatiel, así que no me negarán que soy bueno.
Los muchachos suspiraron profundamente intentando convencerse de que lo que les decía Gabriel tenía sentido. Sí, ya lo habían visto en acción y algunas veces entrenando con Marco, así que sabían que realmente era muy bueno. Era increíble lo que había llegado a ser cuando uno se ponía a pensar que un par de meses atrás el chico había golpeado por primera vez a otra persona.
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Libro Rojo
FantasyPrimera parte de la serie Energía Áurica. Cinco chicos estudian la preparatoria sin sospechar que están a punto de enfrentarse a algo más grande y peligroso que los exámenes. Cuando Lorena, Gabriel, Vanya, José Luis y Adriana conocen a Marco, sus vi...
