34. Discurso

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Los chicos se dirigieron en conjunto hacia la sala. Zacarías, Mireya y Milenka aprovecharon para saludar a algunos de los presentes en el lugar. Lorena observó de inmediato que Mireya y Daniela se comportaban de un modo muy cortés la una con la otra, pero que Mireya sentía miedo de Daniela y que esta estaba muy celosa de la primera.

—Marco —dijo Wazir en voz muy alta, evidentemente intentando atraer la atención de todos los presentes hacia él—. El Consejo Alejandrino autorizó esta misión estando yo ausente...

—Eso lo explica todo —murmuró Miguel a Ícaro, ambos localizados cerca de donde se habían detenido los cinco amigos.

—... y en cuanto me hube enterado de ello me pareció un total disparate —prosiguió el hombre árabe—. Alejandrinos aquí reunidos, ¿acaso no os dais cuenta de que están condenando todo por lo que nuestra sociedad ha luchado?

Todos los presentes estaban con total atención sobre Wazir. Lorena se sintió extraña. Eran fácilmente identificables aquellos que eran los alumnos de Marco y aquellos otros Alejandrinos que solo habían ido al lugar a apoyar. Los primeros estaban firmemente convencidos de lo que tenían que hacer, en tanto los segundos ya habían empezado a dudarlo ante las primeras palabras de Wazir.

—Presten atención, os digo —continuó hablando el hombre—. Se han engañado creyendo que luchar contra Belial y destruirlo será un golpe a favor de los Alejandrinos. Son incapaces de ver más allá de las consecuencias de sus actos. ¿Creen que podrán ganarle a Belial tan solo con ponérsele enfrente? Todos sabemos que Belial nunca pelea en solitario. Siempre tiene a sus aprendices rodeándolo, proporcionándole energía cuando él no puede robársela al enemigo, atacando y distrayendo a cualquiera que quiera acercársele a su maestro cuando él está entretenido con otros.

Lorena palpó el ambiente y sintió que el miedo se acrecentaba. Era el tono usado por Wazir, que parecía ser de auténtica preocupación, lo que intimidaba a los demás más que el discurso per se. La chica entendió en aquel momento por qué Marco les había dicho que aquel hombre era capaz de convencer a cualquiera.

—Sí, tal vez podamos vencerlo, ¿pero a qué precio? —interrogó el consejero—. ¿Quiénes deberemos sacrificarnos para lograr acabar con ese Neuma de una vez por todas? ¿Cuántos de nosotros no volverán a ver la luz del nuevo día? Y eso me lleva al siguiente punto. ¿Cuántos de nosotros no podremos seguir contribuyendo con nuestra energía al mantenimiento de los hechizos que mantienen a los demás Neumas encerrados en sus mundos alternos? Incluso aquellos que sobrevivan deberán descansar un tiempo, por lo que no podrán contribuir con su energía áurica. El coste de energía significará que probablemente algunos encantamientos caigan. Y entonces, habremos acabado con un Neuma, pero se liberarán otros dos igual o más poderosos y peligrosos que Belial, los cuales seguramente originarán más bajas en las filas de los Alejandrinos; las cuales quizá serán mayores que las que se producirán si dejamos vivir a Belial otros cincuenta años. Además, en ese caso no estamos considerando a los Neumas y Carneros que seguramente se empeñarán en vengar la muerte del Neuma de aura oscura.

La mayor parte de las personas en la sala se voltearon a ver las unas a las otras. Incluso Lorena notó que Miguel había comenzado a dudar dentro de sí, probablemente como resultado de imaginarse todo aquello.

—Les pregunto ahora —continuó Wazir con lágrimas en los ojos—. ¿Vale la pena hacer todo eso solo por la venganza? ¡Nuestra misión no es vengarnos, sino proteger nuestro mundo! Debemos elegir el menor de dos males, ¿no les parece? ¿No creen que...?

—¡Basta! —exclamó una voz con fuerza.

Todo mundo volteó la cabeza en alerta. Gabriel estaba visiblemente molesto. Tenía los puños apretados mientras parecía contener la respiración.

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