30. Hiroshi Motosuwa

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—Levántalo más arriba, Lorena —ordenó Marco mientras seguía caminando—. Con esa potencia jamás lograrás destruirlo, Chelis. Adriana, tus escudos están fallando.

Las tres chicas y los tres chicos se encontraban en el jardín de la casa de Octavio. Era mediodía y habían ido a aquel lugar donde llegaría en un rato más Hiroshi Motosuwa, quien sería traído por Octavio desde el aeropuerto. El Alejandrino había ofrecido su casa como centro de reunión de todos los demás miembros de la sociedad que vendrían a ayudarles en contra de Belial.

—Vanya, necesitas practicar más con ese encantamiento —le señaló Marco—. No lograrás crear una nube con esa pobre cantidad de humedad.

Gabriel se encontraba sentado en el pasto mientras los demás practicaban y Marco se paseaba entre ellos observando lo que hacían. El muchacho aún llevaba su traje de artes marciales. Marco le había dicho que no se lo quitara, ya que sería importante que él también demostrara ante Hiroshi Motosuwa lo que sabía o de lo contrario el hombre podía llegar a pensar que Gabriel estaría mejor si perdía todos los recuerdos sobre Alejandrinos, Carneros y Neumas que poseía.

—Piensa rápido, Gabriel —dijo de repente Marco lanzándole un objeto.

Gabriel alzó la mano y atrapó el objeto sin apenas moverse de su lugar. Lorena no pudo evitar mirar a su amigo con sorpresa. Antes de todo su entrenamiento, Gabriel era incapaz de realizar cosas como aquellas, pues nunca había sido muy bueno coordinando sus movimientos.

—Lorena, te estás distrayendo —le gritó Marco.

—Marco, ¿no crees que estás exagerando? —preguntó Adriana.

—Así, si Motosuwa les pregunta si he sido estricto ustedes podrán responderle tranquilamente que sí —contestó Marco—. Ahora, esfuérzate un poco más en ese escudo y luego ponte a practicar ese encantamiento de inmovilidad con las aves del jardín.

—¿Qué importa si has sido estricto o no? —interrogó Gabriel poniéndose de pie—. Además, ¿no sería más fácil en ese caso que nos dijeras qué es lo que tenemos que decirle a ese tal Hiroshi?

—Lo único que le pueden decir es la verdad o de lo contrario él se dará cuenta —respondió Marco.

—¿Se dará cuenta? —repitió Gabriel frunciendo levemente el ceño—. ¿Qué quieres decir con eso?

—Motosuwa tiene el don de saber cuando alguien le está mintiendo —expresó Marco—. Cualquier mentira que le digan él la notara de inmediato y aquello solo hará que se empeñe en saber la verdad.

—¿Crees que su don me afecte? —inquirió Gabriel aparentemente interesado.

—Lo dudo —contestó Marco—. Aunque tal vez sea mejor no decirle de entrada que no tienes energía áurica. Me temo que pueda reaccionar como Sofía.

—¿No los Alejandrinos ya sabían que no tengo aura? —inquirió Gabriel sorprendido.

—No todos —confesó Marco—. Solo los que se encontraban en mi fiesta lo saben. Sofía y los demás me hicieron el favor de guardar el secreto. No estoy seguro de lo que pensará el Consejo Alejandrino en cuanto se entere de esto. Sofía ya te lo dijo: un chico sin aura no debería existir. El Consejo Alejandrino podría pensar como Daniela al principio, que eres una amenaza. Debemos demostrarles en primer lugar que más que ser un peligro necesitas de protección e, incluso entonces, tendremos que pensar seriamente cómo defendernos en caso de que el Consejo decida borrarte la memoria.

—Pero Juan no pudo hacerlo —replicó Gabriel.

—Bueno, sí, él no pudo hacerlo con su don y me recomendó no hacerlo con mi aura, pero me temo que el Consejo pueda decidir no ser tan... —comenzó a decir Marco.

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